jueves, 12 de abril de 2012

Criminalizar, el objetivo de la nueva reforma del código penal

La gestión de la crisis financiera por parte de los gobiernos europeos, rescatando a los bancos y recortando derechos sociales, provocará sin duda un empobrecimiento de amplios grupos de la población y, cabe esperar, aumentará la conflictividad social. El gobierno del PP ya está pensando en estos términos y ha lanzado en consecuencia una propuesta de reforma del código penal. El Observatorio Metropolitano, ya anunciaba en un libro recién publicado, Spanish Neocon, que ante las escasas perspectivas de mejora económica, la derecha podría empezar a construir un discurso que ponga el foco sobre la gente que está pagando la crisis y quienes protestan contra las medidas del gobierno, utilizando términos tales como “delincuentes”, “vagos” y “violentos”.

Es una vieja estrategia, bien conocida en EEUU, por la que los pobres son culpabilizados de su desempleo, carencia de casa o necesidad de apoyo social. El que no tiene empleo pasa a ser un “vago” o un “parásito”, los que se movilizan son considerados “delincuentes” o “busca-jaleos”. Se crea una línea divisoria entre aquellos que mantienen el empleo o un pequeño negocio, “gentes de bien”, y quienes ponen en “riesgo” su tranquilidad: los desempleados, los que protestan por la situación, los que recurren al pequeño robo, a la compra-venta alegal o al menudeo. Esta estrategia busca hacer olvidar las causas políticas y económicas de los actos de estas personas y convertir la crisis-estafa en un problema de orden público.

Así, se han anunciado reformas contra los pequeños robos y contra las movilizaciones. Entre las primeras, encontramos que cualquier hurto será delito al margen de la cantidad que se haya sustraído -ahora se exige que se supere los 400 euros- si el autor lo ejecuta sin saber “el lucro ilícito que obtendrá”. Por ejemplo, el que se lleve un bolso cometerá un delito independientemente de que en el monedero haya tres euros o mil. Se crearán tipos penales especiales y agravados para algunas formas de robos, hurtos y apropiaciones indebidas. Y se adoptarán “medidas cautelares inmediatas, incluida la prisión provisional, en supuestos de multirreincidencia”. No se ha oído nada sobre aumentar las penas de los corruptos. Y para los grandes defraudadores una amnistía fiscal. ¿Quién es el criminal?

Por la parte de los revoltosos, se considerará “como delito de atentado contra la autoridad la resistencia activa o pasiva grande ante las fuerzas de seguridad” y será delito de desórdenes públicos penetrar u obstaculizar el acceso a establecimientos públicos. Es decir, impedir de forma temporal la entrada a una oficina de banco para denunciar un desahucio, concentrarse delante de la Consejería de Educación o permanecer en una plaza en contra de la opinión de la policía será un delito. Tal como dejó claro el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, convocar concentraciones por Internet que alteren “gravemente el orden público” serán consideradas “delito de integración en organización criminal”. Un claro mensaje al 15M y a todo tipo de organización ciudadana a través de las redes sociales.

Ya se han levantado voces críticas desde judicatura, por ejemplo, Xi­mo Bosch, portavoz de Jueces para la Democracia ha expuesto que la Delegación del Gobierno “debe garantizar el derecho de manifestación aunque no esté comunicada. Ade­más, si es pacífica debe prevalecer este derecho a otros si no se vulneran flagrantemente”. Con esta reforma penal, Ghandi iría a la cárcel; se dificulta precisamente la posibilidad de una protesta pacífica.

El control de la calle es tarea de los sectores más duros de la derecha a nivel político y mediático. Los neoconservadores lo saben y quieren aprovechar su oportunidad para conseguir mayor peso político. Pero llenar los ya paralizados juzgados con casos menores y activistas pacíficos es lo peor que le puede pasar a nuestro sistema judicial. Los detenidos, juzgados y encarcelados no salen baratos. Gastar recursos públicos en cuestiones penales menores, cuando se hacen recortes en educación y servicios sociales es un claro síntoma del tipo de gestión de la crisis que pretende llevar a cabo el gobierno. Este modus operandi contribuye a generar un ambiente en el que la prioridad parece ser controlar “una espiral de violencia” en palabras de Jorge Fernández Díaz, y no salvar lo que verdaderamente importa: la sociedad y la democracia.

-> Iniciativa para difundir al extranjero la criminalización que pretende la reforma del código penal: http://piratepad.net/dP2oUT4sc3

Madrilonia.org

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