jueves, 31 de enero de 2013

De viejos y pensiones

En algunos países la población mayor de 65 años ocupa un porcentaje muy alto y se ha convertido en un problema. En otros países o regiones dentro de un país el problema es otro: que sus habitantes viven pocos años. En tanto Alemania tiene una esperanza de vida de 80 años y Japón de 83.6 años, en Afganistán es de 45.6 y en Angola de 44.9 años. La esperanza de vida promedio en el mundo, vale aclarar, es de 68.6 años y los mayores de 65 años suman 570.5 millones. En porcentajes, los mayores de 65 años en el mundo equivalen a 11.1, en Alemania a 22.7, en Japón a 24.8, en Afganistán a 2.2 y en Angola a 2.4.
 
La edad de jubilación en Alemania se ha subido de 65 a 67 años, en Japón se está incrementando de 60 a 65 años. Por años trabajados la tendencia es a aumentar de 30 a 35 o de 35 a 37 años. En Afganistán o en Angola desconozco los derechos a la jubilación de sus trabajadores, si acaso existen para los pocos que sobreviven a 30 años de trabajo.

En un reportaje de la corresponsalía de Reforma en Berlín, se dice que 400 mil ancianos no pueden pagar su cuidado en un asilo público ya que una habitación cuesta entre mil 500 y 3 mil 500 euros mensuales, es decir de 25 mil 760 a 60 mil 107 pesos mexicanos, cuando el monto de la pensión promedio en ese país es de 950 euros, es decir, 16 mil 315 pesos. En los asilos privados alemanes el costo de una habitación –dice la nota– puede ser hasta de 7 mil euros (más de 120 mil pesos).

La situación de los adultos mayores en Alemania se ha vuelto un negocio (en el capitalismo hasta la pobreza y la edad son negocio). Es así que han surgido empresas encargadas de conseguirles a los ancianos asilos en otros países de costo de vida más barato: en Europa del este, en Asia y pronto los veremos en América Latina. En México tenemos a muchos jubilados extranjeros, sobre todo estadunidenses, en Guadalajara, Cuernavaca y otras ciudades con un clima más o menos benigno, pues su pensión les rinde más que en sus respectivos países. Dicho en otros términos, los pensionados van a morir a otros lugares donde el costo no es tan alto como en sus propios países, lo cual es en muchos sentidos inhumano: desarraigados, con idiomas que no conocen y más solos que en sus lugares de origen.

Este fenómeno, visto en conjunto, demuestra la injusticia de los servicios de seguridad social en el mundo de hoy, incluso en los países más desarrollados. Personas que con su trabajo han contribuido a la formación de la riqueza nacional por 30 años o más, de golpe son tratadas como un saldo poblacional, como un estorbo social al que se le da apenas lo necesario para no morir en la calle o en la pobreza total. Es perverso lo que se hace con los trabajadores ya viejos, además de tratarlos como inútiles e improductivos, o peor aún, como una carga de la que nadie, ni sus hijos, se quiere responsabilizar. Dicho sea de paso, esta carga no debería de ser soportada por los hijos, que también tienen y tendrán sus problemas, sino por el Estado. Pero no es así. El Estado, en contubernio con las empresas y las compañías de seguros, les regatea una vejez digna, que debiera ser todavía más digna que cuando estuvieron trabajando, pues ya dieron lo que podían dar.

Esta inhumana situación, que es creciente, encierra una notable contradicción con la industria de la salud. Sí, dije industria de la salud. Esta industria, encabezada por laboratorios químico-farmacéuticos que ganan billones de dólares al año, por nutriólogos que nos invitan a comer alimentos orgánicos (más caros que los comunes), por fabricantes de instrumentos para hacer ejercicio y de ropa para lo mismo, se enriquecen buscando que la gente viva más años y supuestamente sana para luego no dar soluciones dignas a lo conseguido, es decir, a quienes rebasan los 60 o 65 años de edad. Y todavía así se hacen campañas estatales de alcance mundial para que no fumen, para que no beban alcohol, para que no coman chatarra, para que no estén sentados frente al televisor, para que no hagan lo que quieren hacer porque, dicen y afirman sin ningún rubor, si no hacen caso, ¡disminuyen años de su vida! Y ya que lo menciono, Japón es uno de los países donde menos prohibiciones hay contra el tabaco, donde fuma un alto porcentaje de adultos (que creció de 2011 a 2012), donde cada dueño de restaurante o bar decide si se puede fumar o no en su interior y, sin embargo, tiene la esperanza de vida más alta en el mundo y un sistema de jubilaciones más digno y más justo que en Alemania.

PD sobre México. En el segundo Foro en Defensa de la Seguridad Social en México, realizado en agosto del año pasado (La Jornada, 23/8/12), se dijo que con el sistema de pensiones los jubilados no contarán con recursos para sobrevivir económicamente, asimismo se denunció la tendencia a la baja de las pensiones y que el gobierno casi culpe a los ex trabajadores por vivir más años. En México hay 8 millones de personas mayores de 65 años, que representan 7 por ciento de la población, y de éstos hay cientos de miles que, gozando de pensiones por haber trabajado en el sector formal de la economía, no rebasan la cantidad mensual de 4 mil pesos, menos de tres salarios mínimos. Nada de qué enorgullecerse, aunque el costo de la vida sea menor que en Alemania.

Octavio Rodríguez Araujo
La Jornada

miércoles, 30 de enero de 2013

La visibilidad del poder distribuido

Tecnología de la Información y la Comunicación y comportamiento político.
 
"...Ocurrió cuando nadie lo esperaba. En un mundo presa de la crisis económica, el cinismo político, la vaciedad cultural y la desesperanza, simplemente ocurrió. Conectadas a través de las redes sociales de Internet, las personas empezaron a agruparse en esos espacios de autonomía y, desde la seguridad del ciberespacio, pasaron a ocupar las calles y a elaborar proyectos ligados a sus verdaderas preocupaciones, por encima de las ideologías y de los intereses dominantes, reclamando su derecho a hacer historia. En todos los casos ignoraron a los partidos políticos, desconfiaron de los medios de comunicación, no reconocieron ningún liderazgo y rechazaron toda organización formal, debatiendo colectivamente y tomando sus decisiones en asambleas locales y a través de Internet. Desde Túnez e Islandia hasta la revolución egipcia y el movimiento Ocupar Wall Street, pasando por los indignados en España..."
"Redes de Indignación y Esperanza" (Castells, 2012)

L a política no escapa al gran impacto que está causando las TIC en la esfera social, económica y cultural de cada sociedad. Si bien se está llegando a replantear algo tan importante como el sistema educativo, cambiando dinámicas en el mercado laboral y reconfigurando una nueva manera de consumir la cultura, sería ingenuo pensar que la política permanecería impermeable ante el efecto de las nuevas tecnologías. En todas las esferas mencionadas, el gran cambio que se está produciendo no es tanto de contenido como de forma, es decir, podemos aprender la misma fórmula matemática tanto en un aula física como en un aula virtual, no obstante, estaremos de acuerdo en que hay una gran diferencia entre asistir a una clase en un espacio-tiempo determinado que hacerlo a través de Internet. Todos conocemos los tipos de comportamiento político que se han producido tradicionalmente: multitudes de personas han mostrado su desacuerdo o apoyo ante una determinada causa mediante manifestaciones, millones de votantes han participado en unas elecciones, asistencia masiva a mítines, uso de la desobediencia civil o indignación generalizada ante una política aprobada mediante un decreto ley por el partido político que ostentaba el poder. Estas formas tradicionales de comportamiento político adquieren mucha más relevancia desde la incorporación de las TIC en nuestra vida cotidiana. Antes, una conversación sobre la adecuación de dos candidatos a presidir la gobernabilidad de un país se quedaba en la barra de un bar o en el banco de una plaza, hoy puede ser Trending Topic en Twitter en cuestión de horas. Una simple persona con un Smartphone puede colgar en Youtube y difundir cargas policiales que los grandes medios de comunicación con intereses partidistas se hubieran encargado de silenciar al día siguiente de producirse. Observamos como en varías redes sociales se discute y se analiza cada día las diferentes noticias que nos va dejando la actualidad y como una noticia impactante o una injusticia social se difunde mediante la red con una repercusión inimaginable años atrás, ya que lo hace a tiempo real y a escala planetaria. La intención de este artículo consiste en analizar y dotar de un marco teórico adecuado a todas estas transformaciones que se están produciendo con el uso intensivo de las TIC de la ciudadanía en el terreno político. 

CIBERPOLÍTICA
A parte de proporcionar infraestructura y uso administrativo, la red sirve como modelo organizativo en el que fijarse para construir una nueva forma de hacer y entender la política. A través de flujos de información distribuidos por la red, los ciudadanos se están dando cuenta que los problemas concretos que afectan a su localidad son exactamente los mismos que afectan a otras personas que viven a miles de kilómetros. Estas problemáticas comunes se discuten y se analizan en el ciberespacio mientras paralelamente se va creando un tejido internacional de miles de personas dispuestas a colaborar entre ellas. Lo cierto que esta producción, difusión y continuo debate del conocimiento generado se produce gracias a lo que Pierre Lévy (citado por Sampedro y Haro, 2011) ha llamado inteligencia colectiva. Se empiezan a intuir nuevas formas de organización política similares a cómo están interconectados los nodos en una red, incorporando así una estructura descentralizada, adaptable, flexible y horizontal (Castells, 2006). Cualquier ciudadano que actúe de la misma forma en que lo hace un nodo, puede ser emisor y receptor de información al mismo tiempo, sin tener que pasar por un nodo central. Por este motivo las redes son tan difíciles de atacar porque aunque algunos nodos queden deshabilitados eso no afecta al flujo de datos que se mueve a través de la red. De esta manera, el poder y la distribución de la información se democratiza y se descentraliza. Esta coordinación descentralizada se aleja totalmente de un modelo vertical y rígido, al no tener un centro de referencia puesto que todos los nodos representan ‘ ese ’ centro, se garantiza un proceso de democracia directa con la particularidad de que en caso de que algún nodo sea destruido carezca de importancia, pues la información va a seguir circulando mediante flujos constantes. Estas mismas características también las podemos encontrar en la ética hacker (Himanen, 2006), donde a la producción de una libre información se le presupone un alto grado de cooperación y una coordinación descentralizada debido a su posicionamiento ideológico que consiste en garantizar el acceso libre a la información a todas las personas que quieran acceder a la misma y defender la necesidad de dejar el código fuente de los programas abierto. No obstante, este tipo de organización está limitado a la propia conectividad, es decir, la gente que no esté conectada a Internet no tendrá acceso a este intercambio de información por lo que la brecha digital limita este tipo participación online. Tampoco el hecho de estar conectado garantiza la participación política y activismo ciudadano tal como sugiere Castells (2006), pues tener las herramientas no hace necesariamente despertar la inquietud política ni el interés social para que la participación ciudadana aumente. Leyendo comentarios en la edición digital de los diarios de personas que probablemente tengan portátiles, ordenadores de mesa, Ipad’s, Tablets, Smartphones y todo tipo de nanotecnología, se puede observar que reproducen por sistema el titular y el discurso de los medios de comunicación hegemónicos, sin antes contrastar la información o investigar qué intereses económicos hay detrás del medio de comunicación que ha difundido la noticia, desaprovechando así un recurso que antes no tenían y que ahora está disponible en la redi. Por lo tanto, no se puede asegurar que mediante estas redes horizontales de comunicación las personas que antes habían sido actores pasivos y meros espectadores de lo que ocurre en la escena social ahora se conviertan en enérgicos activistas (Sampedro y Haro, 2011). Se aprecian ciertas diferencias en los tipos de movimientos y comportamientos políticos online, mientras que las cibermultitudes ‘nacen’ en la Red pero tienen incidencia física en los lugares públicos, para las multitudes virtuales (Sampedro, 2011) su campo de acción es tan sólo la red. Es decir, el primer término tendría un espacio de acción tanto online como offline mientras que el segundo tan sólo lo tendría online. Sin embargo, esta clasificación necesita de matices. El movimiento 15M o el PAH, han materializado propuestas forjadas en la red en lugares físicos con resultados muy notorios, quizás el más representativo consista en paralizar los desahucios y ser capaces de remover conciencias gracias a organizarse a través de la red -paso previo- antes de sus actuaciones de desobediencia civil y de justicia social. Las ciberacciones que realiza el grupo Anonymous tienen una incidencia física a pesar de que se realiza a través de la red, puede dejar inoperativa una web institucional, con los problemas que supone no poder acceder a una base de datos oficial y estatal. Sin embargo, hay un tipo de pseudomovimiento que intenta realizar reivindicaciones y luchas de justicia social a través de un simple ‘click’ (Rivero, 2012). No negaremos que también pueden tener impacto real pero el activismo y la movilización ciudadana al que se referían los autores citados anteriormente no se construye a través de un simple movimiento de ratón, por muy romántica que sea la idea de que así se esté cambiando el mundo, sino que necesita de un análisis más elaborado y un tiempo de maduración para que resulte consistente y se convierta en una dinámica social. Si bien es cierto que la web Change.orgii ha pasado de 1 millón a 20 millones de usuarios en dos años, no quiere decir que estos 20 millones de personas estén movilizadas, activas o pertenezcan a nuevos movimientos sociales. 

Uno de los grandes éxitos del uso intensivo de las TIC para las nuevos movimientos sociales y el comportamiento político online es que, poco a poco y debido al mayor número de personas conectadas a estas dinámicas de transferencias de flujos de información, han conseguido generar temas de debate decidiendo qué tema es importante y qué tema no lo es o qué noticia ha pasado desapercibida por los grandes medios de comunicación tradicionales recuperándola para la agenda publicaiii a través de las redes sociales. Aquí radica el excesivo interés de los grandes partidos políticos por controlar los medios de comunicación. Por lo tanto, se puede afirmar que las TIC están ayudando a desarrollar mecanismos de contrapoder antes inexistentes, minoritarios o silenciados mediante cualquier tipo de represióniv. A la vez, se está produciendo un cambio en las relaciones de poder relacionado con la pérdida de control en todas las esferas, entre las que se encuentra la mediática, por parte de los Estados Nación. Grupos considerados como marginales encuentran en las ciudades globales (Sassen, 2007) un marco cívico y político en el que poder conectarse a otras redes globales para circular información. Si bien las TIC tiene un peso incuestionable, no hay que olvidar el continuo deterioro de la política institucional y partidos políticos oficiales están sufriendo, produciéndose así un proceso acelerado de deslegitimación. Miles de actores locales se articulan globalmente para intentar crear una nueva esfera pública que tenga un poder real frente al poder institucional, que cada vez tiene que prestar más atención a las demandas que se articulan a través de la red al comprobar cómo su mensaje unidireccional ya no es suficiente para contentar a una población cada vez más crítica. Las redes auto-generadas se convierten en un modelo a seguir o en un referente político para la creación de una sociedad más democrática y horizontal a nivel global (Jeffrey, 2004). Es curioso como Alberto Garzón Espinosa, actual diputado de Izquierda Unida para Málaga, era y es miembro de ATTAC v, antes de llegar a entrar en la política ‘oficial’, evidenciando así la  influencia   real   y   no   sólo   simbólica que adquiere este tipo de movimientos transformadores en la sociedad actual. ¿Se hubiera sentado a declarar en la Audiencia Nacional Rodrigo Rato por el caso Bankia sin la presión de las redes sociales y la iniciativa ciudadana #15MpaRato?

Las redes sociales permiten una mayor visibilidad y un acceso más igualitario y democrático a los grupos no mayoritarios. La identidad es también un factor externo al individuo, grupo o institución, que necesita un reconocimiento externo para reafirmar su propia identidad. Lo mismo ocurre con el poder. La cada vez más unánime aceptación de la importancia e influencia de las redes sociales en los medios oficiales (tv, radio..) es un hecho que se traduce en la concesión de espacios dedicados a las redes dentro de sus mismos programas (al estilo 'veamos lo que dicen en Twitter') y haciendo un análisis de lo que sucede en lo virtual para contrastar, reafirmar o dar veracidad de lo que ocurre a pie de calle. Con estas acciones le están otorgando legitimidad informativa a las redes sociales, las cuales al principio desprestigiaban, infantilizaban o ninguneaban. 

Las TIC habilitan un nuevo formato más abierto, mayoritario y que escapa al control del poder gubernamental, escalando un problema local instantáneamente al ámbito global que nos proporciona la red. La actual crisis en la que está sumergido el planeta puede ser el caldo de cultivo para que, gracias al uso intensivo de las TIC, pueda producirse un cambio real en las estructuras y modelos organizativos de poder. La estructura en red puede potenciar la voz de los ciudadanos, la interactividad puede fomentar la participación para dar un nuevo sentido al comportamiento político, el anonimato desde un espacio virtual y fuera del control institucional puede generar más participación, la proliferación de ideas, alternativas y acciones pueden reactivar a la ciudadanía y convertirla en un importante agente de cambio social. Estas características y este cambio, tanto cualitativo como cuantitativo, sí que está generando nuevas formas de comportamiento político ya que en estas características es donde radica su potencialidad. No obstante, estas tecnologías son meras herramientas que por sus características nos facilitan un ‘medio para’, no una finalidad en sí mismas. Las limitaciones de las TIC vendrán dadas por los usos que las personas hagan de las mismas. Desde un punto de vista operativo, una votación masiva digital es totalmente factible, no hay ningún impedimento tecnológico, se dispone de infraestructura técnica y de una velocidad en el ancho de banda para llevar a cabo esta acción, sin embargo bien es cierto de que no toda la población con derecho a voto tiene acceso a este recurso o, si lo tiene, prefiera ir físicamente al colegio electoral a votar porque tenga más confianza para realizar esta acción en persona que onlinevi

HACIA UNA NUEVA DEMOCRACIA
Es lógico suponer que si las grandes empresas multinacionales aprove chan las posibilidades de operar en tiemp o real y a escala planetaria mediante transacciones comerciales y financieras , los movimientos sociales también vayan a aprovechar las sinergias que ofrecen las TIC al ser utilizadas para compartir información o para elaborar estrategias. Las redes sociales han generado un nuevo tipo de comportamiento político sin una afiliación normalizada donde su rasgo distintivo reside en la organización, coordinación y actuación a través de una red descentralizada, horizontal y flexible. Esta horizontalidad es l a que otorga un grado más democrático al uso intensivo d e las TIC en el ámbito político. Más allá de su dimensión tecnológica, la red traslada a la esfera política un modelo cultural y una nueva filosófica basada en la comunidad, a la vez que l os lugares físicos se complementan y se interconectan con los flujos de información disponibles en la red. Si bien es cierto que la red pone a nuestro alcance toda la información con un simple click de ratón, también nos exige una iniciativa y un interés por nues tra parte ya que tener la herramienta a nuestra disposición no nos hace más activos a nivel político. Por lo tanto, no es que las nuevas generaciones estén más comprometidas o sean más sensibles a causas sociales por el hecho de utilizar la red, más bien las personas con estas inquietudes sociales usan la red, conscientes de que es la mejor manera de manifestar o difundir sus queja s, alternativas o demandas. 

A pesar de la dificultad de controlar la información que se mueve a través de la red, habrá que ver qué nuevos mecanismos de control vii implementan los gobiernos para vigilar viii a la ciudadanía y qué tipo de alianzas establecen entre las gran des industrias tecnológicas como Apple, Twitter, Microsoft, Google o Facebook. Aún así, la ciudadanía ha tomado conciencia del poder de movilización y repercusión que están consiguiendo a través del activismo gestionado a través de las TIC. Casos paradigmáticos como La Primavera Árabe vaticinan una nueva era revolucionaria y un cambio de valores que puede desembocar y está desembocando en una pérdida constante de legitimidad de los partidos políticos tradicionales y en un traspaso de poderes hacia otros organismos y formaciones políticas mucho más horizontales y democráticas. La interacción de procesos y movimientos en todo el mundo están cambiando el concepto de democracia y de comportamiento político a unos niveles que pueden desembocar en una desobediencia civil sin precedentes históricos si no se produce un cambio sustancial en las instituciones políticas.

* José Gutiérrez Salinas es licenciado en sociología. Su blog es https://elflotador.wordpress.com/
BIBLIOGRAFÍA
- Aguilar, S. Movimientos sociales y cambio social: ¿Una lógica o varias lógicas de acción colectiva? Revista Internacional de Sociología. 2001. nº 30 , 29-62.
- Castells, M. (Ed.) La Sociedad Red: Una visión global: 415-439. Alianza Editorial, Madrid. 2006
- Castells, M. “ Communication, Power and Counter-power in Network Society ” , a: International Journal of Communication, 1 (2007), pp. 238-266.
- Castells, M. Redes de Indignación y Esperanza. Alianza Editorial, Madrid. 2012
- Haro, C.; Sampedro, V. F. "Activismo político en Red: del Movimiento por la Vivienda Digna al 15M", a: Revista Teknokultura, (2011) 8, 2, pp. 167-185.
- Himanen, P. "La ética hacker como cultura de la era de la información", en: Castells, M. (2006). La sociedad Red: una visión global. Alianza Editorial, Madrid, pp. 505-518.
- Juris, J. S. "Movimiento sociales en red: movimientos globales por una justicia global", en: Castells, M. (2006). La sociedad Red: una visión global. Alianza Editorial, Madrid, pp. 415.439.
- Rivero, P. “El portal web ACTUABLE y el (no) movimiento social de los ‘clickeros’” [en línea] En Rebelion [consulta: 19 de diciembre 2012]. Disponible en
< http://www.rebelion.org/noticia.php?id=149625 >
- Sassen, S. Una Sociología De La Globalización. Katz Editores Spain, 2007
i No me refiero a la flagrante falta de ética periodística del diario La Razón sino al reiterado sesgo ideológico del grupo PRISA a la otra de tratar las noticias relacionadas con la gestión de ciertos Gobiernos.
iii Felip Puig, conseller d'Interior de la Generalitat de Catalunya hasta finales de diciembre 2012, ha tenido verdaderos quebraderos de cabeza para intentar justificar las cargas policías que sin las pruebas empíricas que han proporcionado las TIC no hubieran tenido eco en las noticias de los medios de comunicación hegemónicos.
iv Difícil tarea en la actualidad pues el anonimato de la red y la el movimiento de la información a través de nodos hace que los datos que circulan en la red sean prácticamente incontrolables por parte de cualquier Estado que quiera hacerlo.
v Asociación por la Tasación de las Transacciones Financieras y por la Acción Ciudadana
vi A título personal, me resulta curioso ver como cada vez más los partidos políticos empiezan a utilizar las redes sociales para difundir sus mensajes electorales pero sin embargo no animan encarecidamente a los ciudadanos para que utilicen el voto electrónico en lugar del tradicional con las ventajas de tiempo y dinero que supondría votar por internet aparte de desarrollar una nueva cultura política.
vii Desde junio del 2012 la resistencia pacífica se la considera un delito es España según la Reforma Penal del Partido Popular.
viii En Beijing (China) el gobierno obliga a los usuarios de internet a registrar sus nombres verdaderos.

José Gutiérrez Salinas
Rebelión


lunes, 28 de enero de 2013

Yo desobedezco. ¿ Y tu ?

Desobedecer. No queda otra. Frente a leyes y políticas injustas, la única opción es la desobediencia. Así lo comparten cada vez más sectores de la sociedad. "La desobediencia es el verdadero fundamento de la libertad" señalaba Henry D. Thoreau, y más aún cuando, como ahora, las leyes se hacen día tras días más inaceptables y cuando el propio poder incurre en ilegalidades permanentes para protegerse. Ocupar plazas, bancos, supermercados, hospitales, inmuebles..., no pagar el euro por receta, los peajes, el aumento de las tarifas del transporte público... se ha convertido en algo cotidiano. Y no sólo para quienes llevan a cabo dichas acciones, sino, también, para una mayoría social que, desde sus casas, apoya estas prácticas y se identifica con ellas.

La corrupción, la impunidad, las puertas giratorias entre lo público y lo privado, y el expolio colectivo que estamos sufriendo se daba ya antes del inicio de la gran crisis, pero ésta ha puesto blanco sobre negro la cruda realidad y la desposesión masiva a la que nos somete la oligarquía financiera. Antes se podía mirar para otro lado o incluso sentirse ilusoriamente partícipe de la "fiesta" del capital, ahora resulta imposible. Las cortinas de humo se han desvanecido y el sistema se muestra tal cual, sin tapujos.

Hay quienes preguntan para qué sirvió el 15M, que si mucho ruido y pocas nueces. Pero la deslegitimación tan grande que sufre hoy el Régimen surgido de la transición, los partidos políticos convencionales y las instituciones no es sólo "mérito" de aquellos que nos han conducido a la presente situación de bancarrota sino, y muy especialmente, de esa marea indignada que a partir del 15 de mayo del 2011 ocupó, sin pedir permiso, el espacio público. El malestar cristalizó entonces en forma de un desafío sin precedentes a "políticos y banqueros". Y a partir de allí, la "democracia", la Constitución, la Monarquía... han visto su legitimidad erosionada. Atrás quedan los tiempos en los que estas instituciones eran prácticamente incuestionables.

La ocupación de plazas fue en si mismo un acto de desobediencia civil masivo, en el que los de abajo se reconocieron como mayoría social y retaron a los de arriba. Desde entonces, la desobediencia nos acompaña. No es que no existiera antes, simplemente se ha multiplicado y su audiencia amplificado. Cuando desahucian diariamente a 532 personas, mientras entre tres y seis millones de viviendas permanecen vacías, ocupar domicilios para darles un uso social se convierte en un derecho, ilegal pero legítimo. Cuando un millón de personas son estafadas por las preferentes, se bloquean y se ocupan bancos para exigir que los ahorros de toda una vida, ahora robados, sean devueltos. Cuando nos recortan en sanidad y educación, ocupamos, entonces, hospitales, ambulatorios y escuelas en defensa de lo público.

El "no pago" se ha extendido, también, como modo de protesta. No pago el transporte público tras el aumento abusivo de tarifas, no pago en Catalunya el "atraco" de los peajes, no pago el "repago" del euro por receta o la propuesta ahora de no pagar en Barcelona el aumento de la tasa del agua... No pagamos porque hemos pagado demasiado, mientras unos pocos no han pagado nada y saquean nuestros bolsillos para saldar sus deudas privadas.

A pesar de que el Gobierno intenta criminalizar la protesta, no le está resultando nada fácil, porque la "mayoría silenciosa", a la que el presidente Mariano Rajoy agradecía su silencio tras la acción del 25S Rodea el Congreso, está más de acuerdo con aquellos que se indignan y desobedecen que con quienes ajustan y recortan. Así lo han señalado las encuestas de varios medios de comunicación, poco susceptibles de ser considerados "antisistema". Quizá las movilizaciones han perdido masividad, pero el malestar persiste y una mayoría social se reconoce en ellas.

La desobediencia, como bien ha demostrado la historia, ha permitido conseguir avances en su momento inimaginables. ¿Qué sería del derecho a voto de las mujeres sin las sufragistas, de los derechos civiles en Estados Unidos sin Rosa Parks o de la abolición del Servicio Militar Obligatorio aquí sin los insumisos?. Nada de todo esto se hubiese conseguido. Hoy, como ayer, el futuro es de quienes creen en el nosotros y desobedecen.

Esther Vivas. Periodista y activista
Público.es

sábado, 26 de enero de 2013

Corrupción, un golpe de estado silencioso

Tres cuartas partes de europeos consideran la corrupción como un grave problema en sus países, según sondeos de Eurostat. Y tienen toda la razón.

Hablamos de soborno, de cohecho y de desfachatez de la clase política europea; de desvío del dinero de todos a bolsillo particulares. Hablamos de sobres con dinero negro repartidos a la cúpula dirigente del Partido Popular en el Reino de España durante décadas. Presuntamente. O del desvío de fondos europeos para formación en beneficio de Unió Democrática de Catalunya, partido de la federación que gobierna Cataluña. Y hablamos de 22 millones de euros en cuentas suizas del ex-tesorero del Partido Popular Luis Bárcenas, investigado la corrupción múltiple y prolongada durante años, conocida como ‘trama Gürtel’.

Pero hay más casos de corrupción, muchos más. A día de hoy, los tribunales españoles investigan 24 casos de soborno, cohecho, irregular de cobro de comisiones y otras bicocas ilegales e ilegítimas que afectan a los grandes partidos del país en todos los niveles de la Administración desde la municipal hasta las cercanías de la Casa Real.

Hablamos de que unos 800 cargos públicos y políticos del Reino de España están imputados en casos de corrupción, como denuncia Ángeles López de Celis en El síndrome de Alí Babá. Hablamos de que el Reino de España ocupa en volumen de corrupción el lugar 13 entre los 27 miembros de la Unión Europea. ¿Cómo no ha de ser así si el gobierno parece no reaccionar ante la corrupción? O eso asemeja según el decreto del ministerio de Economía que suaviza los requisitos de honorabilidad para dirigir la banca donde, por primera vez, la condición de condenado por un delito de cuello blanco no es motivo suficiente para impedir que alguien sea banquero. Salvo que el Banco de España diga lo contrario. ¿Es el Banco de España un tribunal?

Hablamos de corrupción penal, pero también moral, ética. Porque, como denuncia Antoni Doménech, “tradicionalmente hubo élites políticas capitalistas con altura de miras y visión general. Ahora lo que hay son élites políticas generadas por el neoliberalismo y sus evidentes puertas giratorias entre el mundo de los grandes negocios y el mundo de la gran política: tipos como Felipe González, Aznar, Schröder, Joschka Fischer, Rodrigo Rato, Strauss-Kahn, Geithner (o cualquier secretario del Tesoro estadounidense de las últimas décadas); todos, todos, hombres de la banca, de Goldman Sachs como Draghi, como Trichet. Son gentes no solo moralmente corrompidas sino peor; gentes de visión corrompida, miopes, idiotas ópticos incapaces de ver más allá de la oportunidad inmediata del negocio”.

Y por eso solo un tercio de 176 países del mundo aprueba el examen de la honradez versus la corrupción, que anualmente realiza Transparency International. Y eso que Transparency solo recoge y analiza quienes ponen la mano, no quienes la llenan, que también son corruptos.

Hasta la tibia y equívoca Comisión Europea reconoce la gravedad del problema. Cecilia Malmström, comisaria europea de Interior, advierte que los resultados de la lucha contra la corrupción en la Unión Europea son muy “insuficientes” y ha recordado que las prácticas corruptas suponen para los ciudadanos un alto coste de unos 120.000 millones de euros anuales. ¿Cuántos recortes, que suelen ser vulneración de derechos, no se hubieran evitado de haber podido disponer de ese dinero en las arcas públicas?

Estamos con el ciudadano Antonio Avendaño cuando indica que “hay algo fácil y visible que cualquier partido puede hacer de hoy a mañana solo con proponérselo: habilitar en sus páginas web una pestaña de ‘Contabilidad y Finanzas’ en la que los ciudadanos, con un simple clic, podamos conocer todos los ingresos y gastos de ese partido”.

Y coincidimos con Manuel Saco cuando denuncia que en España “durante casi 35 años de democracia los escándalos de corrupción han sido un acompañante molesto de la política a todos los niveles. La corrupción sistemática es como un golpe de estado solapado, sin tanques ni fusiles. Cuando los favores y chanchullos bajo cuerda tienen más valor que las leyes y reina la arbitrariedad, se mata el principio sagrado de la igualdad de oportunidades. La corrupción amenaza con acabar con los derechos sociales”.

Pero no solo en el Reino de España. Ese golpe de estado taimado amenaza con devenir endémico.

Xavier Caño Tamayo
Periodista y escritor
CCS (Centro de Colaboraciones Solidarias)

lunes, 21 de enero de 2013

¿Está acabado el neoliberalismo? Pensémoslo de nuevo

Como deben de sangrar por nosotros. En el año 2012, las cien personas más ricas del mundo se enriquecieron 241.000 millones de dólares más [1]. Su riqueza se estima ahora en 1,9 billones de dólares, sólo un poco menos que el PIB del Reino Unido.

Esto no es consecuencia del azar. El aumento de las fortunas de los super-ricos es resultado directo de medidas políticas. He aquí unas cuantas: la reducción de las tasas impositivas y de la aplicación de la fiscalidad; la negativa de los estados a recuperar una porción de los ingresos procedentes de los minerales y la tierra; la privatización de activos públicos y la creación de una economía de cabinas de peaje; la liberalización salarial y la destrucción de la negociación colectiva.

Las medidas políticas que hicieron tan ricos a los monarcas globales son aquellas medidas que nos están exprimiendo a todos los demás. No es esto lo que la preveía la teoría. Friedrich Hayek, Milton Friedman y sus discípulos – en mil escuelas de negocios, el FMI, el Banco Mundial, la OCDE y más o menos todos los gobiernos modernos – han argumentado que cuanto menos graven fiscalmente los estados a los ricos, menos defiendan a los trabajadores y redistribuyan la riqueza, más próspero será todo el mundo. Todo intento de reducir la desigualdad dañaría la eficiencia del mercado, impidiendo que la marea ascendente elevase a todos los barcos [2]. Sus apóstoles han llevado a cabo un experimento global durante 30 años y los resultados están hoy a la vista. Fracaso total.

Antes de seguir, debería señalar que no creo que el crecimiento económico perpetuo sea sostenible o deseable [3]. Pero si tu objetivo es el crecimiento – un objetivo que todo gobierno dice subscribir –, no se puede organizar mayor desaguisado en lo tocante a eso que liberando a los super-ricos de las restricciones establecidas por la democracia.

El informe anual del pasado año de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) debería haber supuesto una necrológica del modelo neoliberal desarrollado por Hayek y Friedman y sus discípulos [4]. Muestra inequívocamente que sus políticas han logrado resultados opuestos a los que preveían. A medida que las políticas (recortar impuestos a los ricos, privatizar activos del Estado, desregular el mercado de trabajo, reducir la seguridad social) comenzaban a dar dentelladas de los años 80 en adelante, comenzaron a caer las tasas de crecimiento y el desempleo a aumentar.

El notable crecimiento de los países ricos durante la década de los años 50, 60 y 70 se hizo posible gracias a la destrucción de la riqueza y el poder de la élite, como resultado de la Depresión y la II Guerra Mundial. Su bochorno otorgó al 99% restante una oportunidad sin precedentes de exigir redistribución, gasto público y seguridad social, todo lo cual estimuló.

El neoliberalismo fue un intento de invertir el sentido de estas reformas. Generosamente financiado por millonarios, sus defensores tuvieron un éxito asombroso: en lo político.  [5]. En lo económico, fracasaron.

A lo largo y ancho de los países de la OCDE, los impuestos se han vuelto más regresivos: los ricos pagan menos, los pobres pagan más [6]. El resultado, sostenían los neoliberales, sería que aumentarían la eficiencia económica y la inversión, enriqueciendo a todos. Sucedió lo contrario. Mientras disminuían los impuestos a los ricos y las empresas, cayó la capacidad de gasto, tanto del Estado como de la gente más pobre, y se contrajo la demanda. El resultado fue que descendieron las tasas de inversión, en consonancia con las expectativas de crecimiento de las empresas [7].

Los neoliberales insistieron también en que la desigualdad irrestricta en ingresos y los salaries flexibles reducirían el desempleo. Pero a lo largo y ancho del mundo rico, tanto la desigualdad como el desempleo se han disparado [8]. El reciente salto del desempleo en la mayoría de los países desarrollados – peor que el de cualquier recesión previa de las últimas tres décadas – se vio precedido de la cuota en proporción de los salarios en el PIB más baja desde la II Guerra Mundial [9]. Salta hecha trizas la teoría. Fracasó por la misma razón evidente: los bajos salarios deprimen la demanda, lo cual deprime el empleo.

Conforme se estancaban los salarios, la gente complementaba sus ingresos endeudándose. El aumento de la deuda alimentó a los bancos desregulados, con consecuencias de las que todos somos conscientes. Cuanto mayor se vuelve la desigualdad, descubre el informe de la Naciones Unidas, menos estable es la economía y más reducidas sus tasas de crecimiento. Las medidas políticas con las que los gobiernos neoliberales tratan de reducir su déficit y estimular su economía son contraproducentes.

La inminente reducción en el tramo superior del impuesto sobre la renta en el Reino Unido (del 50% al 45%) no supondrá un impulso para los ingresos del Estado o la empresa privada [10], pero enriquecerá a los especuladores que hicieron venirse abajo la economía: Goldman Sachs y otros bancos están ahora pensando en retrasar el pago de sus incentivos para aprovecharse de ello [11].

La ley de bienestar social aprobada por el Parlamento la semana pasada no ayudará a aclarar el déficit o estimular el empleo: reducirá la demanda, suprimiendo la recuperación económica. Lo mismo vale para el tope puesto a los sueldos del sector público. “Volver a aprender algunas antiguas lecciones sobre justicia y participación”, afirma la  ONU, “es la única forma de acabar superando la crisis y proseguir por una senda de desarrollo económico sostenible”. [12]

Como he dicho, no tengo favorito en esta carrera, salvo la creencia de que nadie, en este océano de riquezas, debiera ser pobre. Pero observando atónito las lecciones desaprendidas en Gran Bretaña, Europa y los Estados Unidos, me llama la atención que toda la estructura del pensamiento neoliberal sea un fraude. Las demandas de los ultrarricos se han vestido de teoría económica sofisticada y se han aplicado independientemente de su resultado. El completo fracaso de este experimento a escala mundial no es impedimento para que se repita. Esto no tiene nada que ver con la economía. Tiene absolutamente que ver con el poder.


Notas:


[2] Milton Friedman y Rose Friedman, 1980, Free to Choose, Secker & Warburg, Londres [Libertad de elegir, Grijalbo, Barcelona, 1992].

[3] Para una vision alternativa, véase Tim Jackson, 2009, Prosperity Without Growth [Prosperidad sin crecimiento, Icaria, Barcelona, 2011], Sustainable Development Commission, http://www.sd-commission.org.uk/data/files/publications/prosperity_without_growth_report.pdf

[4] UNCTAD, 2012, Trade and Development Report: Policies for Inclusive and Balanced Growth, http://unctad.org/en/PublicationsLibrary/tdr2012_en.pdf

[5] Véase David Harvey, 2005, A Brief History of Neoliberalism, Oxford University Press [Breve historia del neoliberalismo, Akal, Madrid, 2007].

[6] Informa la ONU: “El efecto conjunto de estos cambios en la estructura fiscal hizo más regresivos los impuestos. Desde luego, un examen de las reformas fiscales de los países de la OCDE no encontró un solo país en el que el sistema fiscal se volviera más progresivo (Steinmo, 2003: 223)”, UNCTAD, 2012, como supra.

[7] “La redistribución por medio de medidas fiscales puede por tanto darse en interés de la sociedad en su conjunto, especialmente allí donde la desigualdad es especialmente pronunciada como en muchos países en desarrollo. Apoya esto la experiencia de los países desarrollados, pues las tasas de inversión no eran más bajas – sino desde luego a menudo más altas – en las primeras tres décadas de la época de postguerra, aunque los impuestos sobre beneficios y los tramos superiores eran más elevados que después de las amplias reformas fiscales aplicadas posteriormente. Hay fuertes razones para creer que la disponibilidad de los empresarios a invertir en una nueva capacidad productiva no depende primordialmente de los beneficios netos en un determinado periodo temporal sino en sus expectativas respecto a la futura demanda de bienes y servicios que pueden producir con capacidad adicional. Esto resulta de especial importancia cuando se considera el efecto conjunto de un aumento de los impuestos empresariales. Siempre y cuando los ingresos fiscales más elevados se utilicen para gasto adicional del Estado, mejorarán las expectativas de las empresas de crecimiento de la demanda. Este efecto de demanda es independiente de si los gastos adicionales del Estado adoptan la forma de consumo del Estado, inversión pública o transferencias sociales. Cuando el nivel de la inversión fija se mantiene como resultado de expectativas de demanda favorable, subirán los beneficios brutos, y generalmente también los beneficios netos, no obstante el aumento inicial de impuestos. En ese proceso, se crearán ingresos y empleo adicionales para la economía en su conjunto”, UNCTAD, 2012, como supra.

[8] “La proposición de que una mayor flexibilidad del nivel salarial agregado y los salarios medios más bajos es necesaria para impulsar el empleo, pues conduce a la substitución de trabajo por capital en la economía en su conjunto, puede refutarse directamente, dada la fuerte correlación positiva entre inversión en la formación de capital fijo bruto (FCFB) y la creación de empleo que existe en los países desarrollados (gráfico 6.3). Esta correlación contradice el modelo neoclásico: en el mundo real, las empresas invierten y desinvierten en capital y trabajo a la vez, y el nivel de su inversión depende del estado conjunto de sus expectativas de demanda. Esto implica que, en el contexto macroeconómico, capital y trabajo se pueden considerar substitutos solo en una medida muy limitada”, UNCTAD, 2012, como supra.

[9] “Justo antes del último y enorme salto del desempleo en los países desarrollados – de menos del 6% en 2007 a cerca del 9% en 2010-2011? la proporción de los salarios en el conjunto del PIB había caído a su nivel más bajo registrado desde el final de la II Guerra Mundial (es decir, al 57%, de más de un 61% en 1980). Esto debería suponer una llamada de alerta. Si el desempleo asciende más que durante cualquier otra recesión ocurrida en las últimas tres décadas, aunque la parte de los salarios en el PIB haya descendido, debe haber algo fundamentalmente errado en una teoría económica que justifica el aumento de la igualdad principalmente en términos de la necesidad de atacar un desempleo persistente”, UNCTAD, 2012, como supra.

[10] Thomas Piketty, Emmanuel Saez y Stefanie Stantcheva calculan que el nivel óptimo del tramo superior del impuesto sobre la renta (para maximizar ingresos) se encuentra entre el 57 y el 83%. Piketty, Saez y Stantcheva, 2011, Optimal taxation of top labor incomes: A tale of three elasticities, National Bureau of Economic Research, Cambridge, MA. http://www.nber.org/papers/w17616

[11] Patrick Jenkins, “Goldman Eyes Tax Delay on UK Bonuses”, Financial Times, 14 de enero de 2013.

[12] UNCTAD, 2012, como supra.

George Monbiot es uno de los periodistas medioambientales británicos más consistentes, rigurosos y respetados, autor de libros muy difundidos como The Age of Consent: A Manifesto for a New World Order y Captive State: The Corporate Takeover of Britain, así como de volúmenes de investigación y viajes como Poisoned ArrowsAmazon Watershed y No Man's Land.

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón
http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5618

sábado, 19 de enero de 2013

Ese tal vivir bien

Hace tan solo medio siglo nadie hubiera imaginado que estaríamos discutiendo con tanta prioridad en la agenda mundial un concepto tan elemental como el vivir bien hasta el punto de parecer que estamos cayendo en el absurdo de la obviedad.

Pero el vivir bien se plantea como una recuperación de emergencia frente al colapso climático planetario que estamos atravesando. Cuando las Naciones Unidas determinaron que los causantes son el libre mercado, la libre industria y el consumo acelerado del primermundismo, se empezó a reflexionar sobre la alternativa, qué elección tenemos. Ahí es que surgió este vivir bien de la cosmovisión extinta de los pueblos predominantemente rurales que se relacionaron de manera natural con la tierra, la selva, los animales, el agua ya sea por la agricultura, la recolección, la pesca o la convivencia.

El daño más significativo que nos hemos hecho siempre los seres humanos es pensar que somos el centro del mundo, a esto se llama antropocentrismo, pensar el mundo a partir de la humanidad. A pesar de que alguna vez existió el vivir bien, en ninguna parte del mundo pudimos frenar el avasallamiento de los espacios de vida, desplazando siempre a las otras especies, cuando no depredándolas y no necesariamente para cubrir requerimientos humanos básicos, sino principalmente para expandir el dominio, ya sea sobre otros grupos sociales o sobre territorios.

El punto de partida de la ciencia sociológica, antropológica o filosófica para estudiar del accionar humano supone una integralidad entre lo social, lo económico y lo político, solo que en esta trilogía analítica siempre hemos olvidado las relaciones más elementales, es decir, la humanidad con respecto a su contexto vital1. Más allá de que el modelo económico oficial es el neoliberalismo, la planificación de nuestras vidas, no solo la que está a cargo de los gobiernos, sino la proyección misma de cada persona, está orientada priorizando las relaciones sociales cruzadas por lo político y lo económico, pero nunca son razonadas siguiendo la conexión natural con el entorno que implica un sistema de acciones interdependientes donde cada persona igual que los demás seres vivos, tiene un rol. Estamos criados en el individualismo por eso no somos conscientes de que todas nuestras acciones afectan al contexto vital en una relación tan íntima que hasta lo que una persona elige para comer nos afecta a todos los demás, favorable o desfavorablemente, por lo tanto nadie puede simplemente decidir vivir su vida2 sin que haya un impacto sobre la vida de los otros seres vivos3.

Si tomamos en cuenta que algunos de los principios fundamentales que se identifican en el vivir bien son la armonía, la complementariedad y la reciprocidad4, que establecen las relaciones más básicas, podemos entender los roles que todos cumplimos en ellas, solo que están quebradas porque se han quebrado los tres principios: no vivimos en armonía con la naturaleza porque nos aprovechamos de ella ya que la entendemos como materia prima, en lugar de buscar complementariedad nos preparamos desde niños para la competencia5 y en la reciprocidad no nos preocupa devolver lo bueno que recibimos con algo bueno, pero sí nos apuramos en devolver lo malo incluso al doble6, porque nos educamos para la defensa o el ataque, antes que para la convivencia7.

Así el vivir bien planteado como una forma de vida, es alcanzar bienestar para uno y en la misma medida para los demás, si el otro está mal no puedo considerar que yo vivo bien. Además si esta relación se extiende al contexto vital, no podemos considerar que vivimos bien a costa de especies en extinción, industria que seca glaciares, selva que se incendia para ampliar monocultivos o carreteras que se construyen aplastando hábitats ajenos8. Ahora bien, esto es fácil analizar sobre las personas, pero si hacemos el esfuerzo de pensar a nivel de países, la relación tiene que ser la misma, así del vivir bien es posible construir un modelo económico, una tarea en la que nos encontramos ahora, ya hay algunas fórmulas planteadas aunque tímidamente9, el siguiente paso será perder el miedo a la hegemonía y ejercitarlas. Así ningún gobierno puede seguir calificándose como revolucionario o soberano si no ejercita un modelo económico opuesto al libre mercado y de respeto a la naturaleza, mucho menos entonces un país puede hablar de vivir bien en su Constitución Política del Estado, cuando en la práctica profundiza los negocios hídricos, mineros y petroleros10.

Cuando entendamos qué significa vivir bien, cuestionaremos nuestra forma de vida actual, nuestros roles personales y colectivos y entenderemos por qué el planeta se está muriendo y por qué el vivir bien es una alternativa consistente para salvarlo.

Si en un primer momento el vivir bien fue un pensamiento rescatado de la extinción, ahora puede también asimilarse en nuestra cotidianidad con rasgos propios de este siglo y sobre todo, volverse aplicable en las ciudades, en las grandes urbes concentradas de millones de personas que vaciaron el campo y hoy se aferran al suelo de asfalto, a los bloques de cemento, a la pared de ladrillo, al agua por cañerías y a las bolsas de plástico, bajo la mentalidad de sobrevivencia que ha olvidado la felicidad plena como fin en la vida. Aquí es donde debe construirse el vivir bien, buscando la manera de acercarse de nuevo a la tierra limpia, a la comida digna, al tiempo libre y al árbol húmedo, sin miedo de perder, ya que solo ganaríamos.

Notas:
1 El contexto vital es el medio ambiente, solo que todavía este término se encuentra concebido como la naturaleza, en el sentido de zonas distintas de las urbes citadinas, aún nos hace falta construir esa figura mental donde el medio ambiente es todo lo que nos rodea pero nosotros los seres humanos no estamos en el centro, sino que somos apenas un pequeño elemento de ese complejo vital interdependiente.
2 Por ese mismo motivo, muchas libertades terminan siendo relativas no por sometimiento de regímenes humanos, sino por la interdependencia con todos los seres vivos-actores de la naturaleza.
3 Según Adán Pari, Pedro Pinto, Javier Hurtado o los investigadores del CECASEM, para las culturas antiguas como aymaras y quechuas, el aire, el agua, el sol o la tierra son seres vivos que además dan vida a los demás, por lo cual son también deidades denominadas Madre Tierra (Pachamama), Padre Sol (Tata Inti), etc.
4 Según Fernando Huanacuni, Simón Yampara, Raúl Prada y otros investigadores de las culturas indígenas.
5 Competencia, defensa y aprovechamiento de la naturaleza como materia prima (desconociéndola como ser vivo), son exactamente los principios que se pueden identificar en el modelo económico de libre mercado.
6 Por eso siempre tenemos una parte del planeta en guerra, porque la guerra vende más que la paz.
7 En países que hace décadas viven en situación de paz, las escuelas militares de formación para la guerra, siguen siendo una opción para los jóvenes y los sueldos y otros beneficios para los militares significan un grueso del presupuesto nacional que se renueva cada año bajo la mentalidad de que hay que tener reserva militar por si acaso. Aunque entre las ironías de la historia tenemos que la guerra mejor ganada por el imperio no ha necesitado armas de fuego, sino solo medios de comunicación, cine y entretenimiento, como lo describen en varias obras los Mattelard.
8 Y para quienes dicen que vivir bien es negar el desarrollo, pues no es así, no se discute que la ciencia ha dado productos invaluables, el problema es someter la ciencia a la lógica del mercado neoliberal, es ahí donde la ciencia ya no existe para el apoyo a la humanidad sino para el servicio a intereses privados transnacionales.
9 Fórmulas como la economía comunitaria que tiene más valores de cambio que solo el dinero, como tiempo, trabajo, habilidades, propiedad común no privada, transacciones sin moneda sino producto por producto, es decir el trueque, el pasanaco o rotación de ahorro y préstamo de bienes de consumo o dinero, etc. Este modelo de economía exige desarrollar alta capacidad organizativa, lo cual estimula las relaciones sociales. Se denomina también economía local, pero es posible desarrollar una macroeconomía bajo el modelo comunitario. Entre los sistematizadores de estas formas económicas están Félix Patzy en Bolivia o Josia Warren en Estados Unidos. Otra forma económica que, aunque surgida en tiempo de libre mercado, se acomoda a la lógica del vivir bien, es el comercio justo.
10 Caso específico de Ecuador y Bolivia, que estrenaron CPE en el 2008 incorporando el vivir bien como fundamento, pero que aprueban leyes y decretos que la violan, favoreciendo intereses privados extranjeros.

Katherine Fernández. Asociación Inti Illimani - Energía solar para la alimentación
Rebelión

domingo, 13 de enero de 2013

La democracia y la ley: una historia de violencia

Circula un lugar común en estos meses que tiende a reducir la democracia al respeto a la ley. En el Leviatán de Thomas Hobbes, obra magna del pensamiento conservador, podemos leer que “es el hombre y sus armas, y no las palabras y las promesas, lo que afirma la fortaleza y el poder de las leyes”. Hobbes vivió en tiempos de revolución y no se llamaba a engaños. Para él, esas leyes no eran ni podían ser otra cosa que la expresión de un orden social concreto. Dos centurias más tarde, el inspector Javert de Los miserables de Victor Hugo afirmaba su fe ciega en la legalidad. La ley es la ley, pensaba, y no tiene ni origen, ni intereses ni fin. No es que Javert no compartiese el criterio de Hobbes; simplemente lo había olvidado.

La ley no es el mandato de una zarza ardiendo. En un artículo para la Gaceta Renana, un joven Karl Marx escribió sobre un hecho particular. Para los campesinos renanos, la libre recolección de leña en sus bosques era imprescindible para su supervivencia y un derecho ganado a su señor feudal. De la noche a la mañana las relaciones cambiaron y el bosque se privatizó. Y la nueva legalidad liberal dijo que ya no se podía recolectar leña, sino que había que comprarla. El castigo contra el infractor sería (y fue) en adelante muy duro.

En la transición al capitalismo, en primer lugar se precisaba imponer una nueva legalidad a los grupos sociales reacios al nuevo orden. Y en segundo lugar, se debía convertir sus orígenes en un mito, olvidar que la partera de la ley era la fuerza. Era necesario que se repitiese el patrón del capitalismo, cuyos inicios estuvieron marcados por la acumulación de unos gracias a la desposesión violenta de otros, frecuentemente campesinos. Solo así, mediante un marco jurídico hecho por los propietarios contra los no propietarios pudo desarrollarse el capitalismo. La llamada hidra de la revolución tenía que ser constantemente descabezada por la ley y las armas, sus proyectos cercenados y el registro de todo ello olvidado.

Si, como sostiene el lugar común mencionado, la democracia es el respeto que Javert tiene por la ley, quizá podría deducirse, para escándalo de algunos, que regímenes como el franquismo fuesen exquisitamente democráticos. También podría colegirse que la esclavitud, tal y como pasó en Estados Unidos hasta 1865, fuese una institución perfectamente democrática. La democracia, temida en origen como la tiranía o la anarquía de los no propietarios, ha acabado, para sorpresa de Hobbes, por adquirir el significado de la ley.

El pasado 20 de diciembre, el historiador Juan Pablo Fusi señaló en una entrevista que las democracias asamblearias no eran democracias, sino otra cosa. Ese mismo día en Los desayunos de TVE, Ramón Jáuregui, responsable del congreso de ideas que creará el nuevo proyecto político del PSOE, apuntó que ERC, debido a su carácter asambleario, no era un partido como él entendía que debía serlo, un partido, suponemos, de esos que llaman serios. Esto se entiende si, como el propio Fusi señala sobre su formación profesional, entendemos la democracia como un trasunto del liberalismo representativo angloamericano, considerado un modelo universal después de la victoria de este tipo de organización política en 1945.

El significado de la democracia ha sido históricamente móvil. La sola mención de ésta sembró el terror en las elites durante un siglo. A la altura de 1812, el liberalismo asociaba la democracia con el despotismo de la turba enfurecida, encarnada en el jacobinismo y la multitud sans-culotte. Se pensaba que la democracia supondría el fin de la ley bajo el gobierno de los no propietarios. Para evitar tal perspectiva, la Constitución de Cádiz de 1812, como la norteamericana de 1776, dispusieron una serie de medidas constitucionales que disipasen el espanto de la soberanía popular. La Comuna de París de 1871, experiencia de democracia directa que duró dos meses, marcó un punto de inflexión en la historia de este concepto. La aventura que aterrorizó a las burguesías de toda Europa solo acabó cuando el ejército francés y las tropas alemanas entraron al alimón en París y garantizaron, como exigía el Leviatán, que la ley no fuese subvertida nunca más. Veinte mil communards ejecutados fueron la garantía.

Cuando la ley está en peligro, aparecen con más frecuencia las declaraciones que la sitúan por encima de las mujeres y los hombres. Que el bipartidismo se ponga de acuerdo en lo fundamental, como la escandalosa reforma constitucional de agosto de 2011, nos dice que la ley no está hecha para la ciudadanía sino, en este caso, para los mercados. Y que, en última instancia, este pacto nos remite a una desconfianza hacia el pueblo por parte de un bipartidismo que, ciertamente, no soporta convivir con una calle erizada de pancartas. Porque el concepto que lo sustenta, el liberalismo representativo, no puede dejar de ver a la multitud como a una masa irracional, como a la hidra, real o no, de la revolución.

Y es que el respeto a la ley depende en última instancia de quién haga las leyes y a quién beneficien. El sistema político puede enrocarse y decir que la ley es la ley. Pero la legalidad es obra de un grupo de personas que pretenden que otras se conduzcan en la vida dentro de esa convención jurídica. Y no puede obviarse que esa legislación ni es eterna ni viene del cielo, sino que, como sugirió Marx, es el producto del tira y afloja de las relaciones de poder.

Este mirar en la trastienda supone separar la legitimidad de la legalidad. Significa descubrir el origen de una historia que viene a confirmar la arbitrariedad de una ley. El sistema representativo no puede tolerar esta deslegitimación, aunque el capitalismo nunca haya dudado históricamente en echar mano de recursos que supusieron su conculcación. Los gobiernos tecnócratas han sido el último episodio de esta historia. No podemos decir si este año se quebrará el dominio de la ley ante el avance legítimo de la democracia. Sin embargo, para espanto de Hobbes y consternación del inspector Javert, podemos esperar que así sea.

Miguel Ángel Sanz Loroño
Investigador de la Universidad de Zaragoza
Público.es
http://blogs.publico.es/dominiopublico/6378/6378/
 

¿Hacia una nueva huelga general?

Un lector habitual de mientras tanto nos envió una carta preguntando por qué en la entrega de diciembre no habíamos hablado de la huelga general del 14 de noviembre. Ciertamente fue una respuesta social importante, mucho más masiva de lo que podía esperarse de una campaña de movilización a medio gas, sin un objetivo tan claro como la del pasado marzo, cuando aún podía estar en juego la reforma laboral.
Si algo ha mostrado la huelga es por un lado la capacidad de convocatoria de las organizaciones sindicales y, por otro, un sentimiento generalizado de estafa social con las políticas que se están llevando a cabo. El mismo sentimiento de indignación que se encuentra bajo la mayor demanda de soluciones para las personas con deudas hipotecarias o, más recientemente, en la impresionante respuesta social ante el anuncio de la privitización de la sanidad de Madrid.

Para millones de personas, resulta cada vez más evidente que estamos ante un verdadero proceso de involución capitalista que pone en cuestión las condiciones esenciales que garantizan una base de dignidad laboral, seguridad económica y social, autonomía personal. Aunque en el largo período de neoliberalismo ya se produjo un deterioro creciente de derechos, éste no llegó a afectar a masas tan ingentes de personas ni a tocar elementos tan centrales de la estructura social. Si esto fuera una empresa, podríamos decir que hemos pasado de la fase de dificultades a la de liquidación general. Por eso arrecian las protestas y alcanzan una densidad desconocida en el período anterior.

La huelga general del pasado noviembre y las movilizaciones recientes vuelven a demostrar que mucha gente es consciente de todo ello. Y, sin embargo, no parece que este nivel de movilización tenga de momento mas perspectivas que la de volverse a repetir en los próximos meses. Dada la situación de deterioro, es bastante posible que los sindicatos se vean forzados a convocar una nueva huelga general. La cuestión estriba en saber hasta cuándo la indignación superará al desaliento, hasta cuándo la gente pensará que la acción colectiva es una vía factible para frenar el ataque o, por lo contrario, cuándo el cansancio hará mella en muchas personas.

El año próximo se presenta aún peor que el actual. No hay perspectivas de involución del paro. Al hundimiento de la economía del ladrillo le han seguido los ajustes del sector público que, como ya se ha anunciado, van a continuar ahondando los problemas del empleo. En este contexto, además, se va a constatar el carácter corrosivo de la reforma laboral. Hasta ahora hemos podido calibrar su impacto en la facilidad de destrucción de empleo. Ahora, está por ver su incidencia en la negociación colectiva, pues ésta se concentra fundamentalmente a principios de año. Está por ver si la patronal va a utilizar toda su capacidad de acción para fraccionar y deteriorar aún más las condiciones laborales. De entrada, el Gobierno ya le ha abierto el camino decretando la práctica congelación del salario mínimo.

Estamos sin embargo constreñidos a una situación sin salidas claras. Las movilizaciones son una respuesta necesaria pero hasta ahora insuficiente para cambiar la situación. Más bien parece que las clases dominantes ya han amortizado los costes de las movilizaciones y están dispuestos a tolerarlas como parte del ajuste. Tampoco parece creíble que una radicalización del conflicto en términos de violencia fuera a cambiar las cosas, más bien provocaría  una pérdida de apoyos sociales. La desigualdad de fuerzas es tan extrema que las acciones radicales sólo sirven para legitimar al poder. El problema es más bien el de la incapacidad de engarzar las movilizaciones en una estructura más amplia de proyectos políticos capaces de alterar la correlación de fuerzas, así como de introducir alguna reforma en la esfera política y económica que consiga alterar la situación actual.

Hasta ahora las movilizaciones han acertado en denunciar los efectos de las políticas actuales, pero en gran medida han sido insufientes para atacar las causas. Y ésta sigue siendo la mayor fuerza de la reacción económica: seguir presentado los recortes, la demolición de derechos sociales, como la única alternativa posible. Por ello, una tarea prioritaria es elaborar una propuesta alternativa que sirva como marco de referencia de las luchas, de las batallas políticas. No es tarea fácil, sobre todo en una guerra económica que se dirime en gran parte en la esfera de las instituciones mundiales. Y que está afectando de forma muy diferente en cada país (lo que limita los espacios de acción colectiva a escala internacional). Pero es una tarea urgente, tanto en el plano del proyecto como en el de elaboración, una estrategia de acción que sirva para romper el marco frustrante de las movilizaciones actuales. Posiblemente esté cantado que vamos hacia una nueva huelga general, con más rabia, con más recortes a nuestras espaldas. Lo que no debería ser inevitable es que nuestras acciones tengan que estar encerradas, una vez más, en el estrecho espacio de la resistencia. Necesitamos una verdadera coalición de fuerzas sociales capaz de plantear un mínimo esbozo de alternativa por la que pelear.

Una alternativa movilizadora debe incluir un conjunto de elementos no siempre fáciles de combinar. De una parte, dado el actual nivel de fuerzas a escala nacional, europea y  mundial, debe incluir alternativas viables pero claramente diferenciadas de las actuales, dentro del contexto actual. Tales como la dación en pago que propone la PAH, o el plan de ajuste del gasto propuesto por los trabajadores de la Sanidad madrileña. De otra, debe incluir un horizonte serio de transformación social con cambios estructurales serios (que requieren de un movimiento sociopolítico de largo alcance hoy más necesario que nunca). Encontrar una articulación entre estas dos líneas es fundamental para posibilitar que las próximas movilizaciones tengan más éxito que las pasadas. Hay que evitar que al desplome de derechos le siga un desaliento social generalizado.

Albert Recio Andreu
Mientras Tanto

viernes, 11 de enero de 2013

Abajo y arriba, izquierda y derecha

En España un grupo de indignados mostró una manta (octubre de 2011) que decía: No somos ni de izquierda ni de derecha, somos los de abajo y vamos a por los de arriba. Esta expresión se ha puesto de moda sin tomar en cuenta la heterogeneidad de los de abajo y de los de arriba. Ha sido empleada incluso como argumento para descalificar la geometría política izquierdas y derechas y acreditar el arriba y el abajo como si esto fuera mejor y más novedoso. Los zapatistas, por cierto, han preferido hablar de arriba a la derecha y de abajo a la izquierda, con lo que se recuperan dos geometrías: la tradicional izquierda-derecha y la nueva abajo-arriba. Aun así los conceptos siguen siendo imprecisos. No es lo mismo referirnos a los de abajo como sinónimo de víctimas de los de arriba que aludir a los de abajo en movimientos de protesta contra los de arriba. Si un político o un partido dice Arriba los de abajo (PRT-1982) o Primero los pobres (CPBT-2006), no está haciendo distinción racial, religiosa, política o de género. La propuesta de ambos lemas era atender las necesidades más apremiantes de los pobres y mejorar sus condiciones de vida, sin distinciones. Si se trata de movimientos de protesta los matices cobran importancia, y aquí sí interesan las diferencias entre los de arriba y los de abajo, pues no todos los de abajo son de izquierda ni todos los de arriba son de derecha. 

A mí me parece que sigue siendo válida la división entre izquierdas y derechas, pues como hemos visto en varios movimientos en contra de los de arriba, desde Seattle hasta los indignados de España y otros países, han coexistido personas y grupos de derecha con otros de izquierda, pues unos y otros han sido víctimas de la brutal concentración de capital que ha favorecido como nunca las políticas neoliberales en el mundo. El movimiento de los indignados españoles, no lo pasemos por alto, fue tan heterogéneo ideológicamente que no quiso definirse por programas ni por partidos, de tal forma que cuando llegaron las elecciones generales de noviembre de 2011 hubo indiferencia hacia la posibilidad de que ganara el derechista Partido Popular. Los indignados y no sólo ellos, en consecuencia, ahora están peor que con el Partido Socialista Obrero Español, pese a ser éste muy poco defendible. Sólo en el terreno de las conquistas sociales de los trabajadores de ese país, para no mencionar otros temas, es evidente que Rajoy ha tratado (y lo está haciendo) de disminuirlas más de lo que permitió el timorato Rodríguez Zapatero durante su gobierno.

Por lo demás, no puedo estar de acuerdo en apoyar las luchas de los de abajo de derecha e incluso fascistas, que los hay. Son pobres y están muy mal económica y socialmente, pero sus propuestas para mejorar suelen ser, sobre todo en Europa y en Estados Unidos, racistas y xenófobas. Con ellos no puedo coincidir, estamos en polos opuestos y queremos mundos distintos. Podré enarbolar sus demandas de empleo, pero no que regresen los inmigrantes a sus países de origen; podré coincidir en sus críticas a los partidos políticos, pero no en sus pretensiones de instalar en el poder a los partidos de derecha y ultraderecha. No todos los enemigos de mis enemigos serán mis amigos ni mis compañeros de ruta. La derecha es la derecha y la izquierda es la izquierda, sean de arriba o sean de abajo. No todo el que tiene dinero es un ladrón ni todos los pobres son blancas palomitas.

Los de abajo son los que en general realizan movimientos porque son los menos favorecidos por el sistema. Pero no todos esos movimientos son de izquierda, y esto para mí es importante. No es lo mismo el cacerolazo de clase media contra el gobierno de Allende en Chile que el también cacerolazo inicial del movimiento estudiantil en ese mismo país en 2011. Hay muchos ejemplos más, incluso en México.

A pesar de que, en general, son evidentes las diferencias entre unos movimientos sociales y otros, hay quienes se ilusionan por su existencia aquí y allá, los de ahora y los de antes, pero pasan por alto que dichos movimientos han tenido diferentes signos y propósitos. Ante el desprestigio de los partidos en muchos países del mundo, hay quienes creen que los movimientos sociales son, por sí mismos, dignos de aplauso, especialmente los que se han expresado en contra los partidos políticos. Sin embargo, no toman en cuenta que son y han sido minoritarios pese a haber logrado (a veces) una cierta influencia en los cambios culturales, políticos y sociales (muy poca, por cierto, en los cambios económicos). Una cosa es figurar en los medios de comunicación, incluso por meses, y otra que sus demandas sean aceptadas por las mayorías y absorbidas por el poder. Critican a los partidos y a los políticos, no sin razón, pero éstos logran el apoyo de mayorías que ni en sueños logran convocar los movimientos sociales, y menos si son espontáneos.

Que en general los partidos ganan por el voto de minorías no está en duda, pues ha habido elecciones en las que el abstencionismo ha sido mayor que el número de sufragios, pero esas minorías son, aun así, más grandes que las de los movimientos sociales. En México se vio con absoluta claridad en 2005-2006: mientras la otra campaña logró la adhesión de unas 15 mil personas a la Sexta declaración de la selva Lacandona, a un año de haberse emitido, el candidato presidencial López Obrador reunía a millones de personas en diversos mítines y obtuvo casi 15 millones de votos. La otra campaña casi se apagó durante todo el sexenio de Calderón (curiosamente) y el movimiento de AMLO, en el mismo periodo, creció en número y en organización, como quedó demostrado en los comicios de 2012. Y esto muy a pesar de que Marcos intentara, sin éxito, desautorizar a AMLO y de que sus simpatizantes fueran calificados como “las modernas ‘camisas pardas’ del lopezobradorismo” (17/12/07). ¡Sopas!, fascistas y de la peor especie, ni más ni menos que de la sección de asalto de un nuevo Hitler. Demencial.

Octavio Rodríguez Araujo
La Jornada