martes, 8 de diciembre de 2009

Cumbre sobre el cambio climático. Actividades en Murcia


Cumbre del Clima. Copenhague 2009
Agenda de actividades en Murcia


Miércoles, 9 diciembre

A las 20.30 horas

Conferencia y debate: "Agricultura, Población y Energía".

Por Fernando Ballenilla, profesor de Didáctica de las Ciencias de la

Universidad de Alicante y de la Asociación para el Estudio de los

Recursos Energéticos - AEREN.

Lugar: Sala Paco Rabal del Colegio Mayor Azarbe (detrás del Cine Rex).


Jueves, 10 diciembre

De 17.00 a 20.00 horas

Actividad múltiple en Murcia: "8 Plazas, 8 Objetivos de Desarrollo

del Milenio".

Organiza: Coordinadora ONG de la Región de Murcia.


A las 20.30 horas

Mesa redonda: "Cambio climático y consecuencias en nuestra Región"

Participan: Miguel Ángel Esteve, profesor de Ecología de la

Universidad de Murcia, y Antonio Soler, educador medioambiental y

experto en Cambio Climático.

Lugar: Sala Paco Rabal del Colegio Mayor Azarbe (detrás del Cine Rex).


Viernes, 11 diciembre

A las 17.45 horas

Concentración silenciosa y Meditación por la Paz y el Clima

Lugar: Plaza Cardenal Belluga.


A las 19.30 horas

Conferencia: "Cambio climático y Derechos Humanos".

Por Carlos Martínez, Presidente de ATTAC - España.

Lugar: Sala Paco Rabal del Colegio Mayor Azarbe (detrás del Cine Rex).


Sábado, 12 diciembre

A partir de las 10.00 horas

XII FERIA DE LOS DERECHOS HUMANOS Y

CUMBRE DE ACCIÓN CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO

Punto de información, productos ecológicos, mercado de trueque,

música, arte de acción, asambleas, inventos solares, taller de bici,

actividades infantiles...

Lugar: Plaza de Santo Domingo


A las 18.00 horas

CONCENTRA-ACCIÓN MULTITUDINARIA CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO

Lugar: Plaza de Santo Domingo.

A las 20.00 horas

ACAMPADA LIBRE POR NUESTRA TIERRA Y... ARTE DE CALLE


Domingo, 13 diciembre

A las 11.00 horas

BICIFESTACIÓN CULTURAL

Guiada por: Javier García del Toro, arqueólogo y profesor de

Prehistoria de la Universidad de Murcia.

Lugar de salida: Yacimiento Arqueológico del Jardín de San Esteban.


A las 18.00 horas

Tarde de cine: STOP CO2 (La era de los estúpidos, Home, documentales...)

Lugar: Local de CGT (C/Floridablanca, 75 - 1º derecha, Barrio del

Carmen)


viernes, 4 de diciembre de 2009

Por la defensa de nuestro patrimonio histórico y cultural



http://www.youtube.com/watch?v=RDa9oJ-n4R8

!! Murcian@: defiende tu raíz, tu historia y tu cultura !!
¡¡ Movilízate y actúa !!


Con las obras de construcción del parking en San Esteban, se han encontrado los restos de un barrio árabe del S. XIII

La Consejería de Cultura de la Comunidad Autónoma de Murcia, lejos de apostar por la Murcia arqueológica y monumental, no sabe si continuar con las obras o trasladar los restos a otro espacio para su conservación.

Apostemos por conservar nuestra historia!!

Proteger los restos arqueológicos de San Esteban (Murcia): http://www.facebook.com/group.php?gid=203241626186&ref=mf

http://www.arqueologiamedieval.com/noticias/4358/proteger-los-restos-arqueologicos-de-san-esteban-%28murcia%29-camara-web-las-24h


miércoles, 30 de septiembre de 2009

Priorizar el bienestar

Las estadísticas han venido cifrando el crecimiento económico como una victoria sobre la penuria, hasta que se apreció que este crecimiento destruye más que crea. ¿Cómo no van a sentirse engañados todos aquellos a los que se demandan esfuerzos y sacrificios [en aras de ese crecimiento]?”. Esta opinión, que subraya el divorcio entre crecimiento económico y calidad de vida, no es la de ningún crítico antisistema, ni siquiera de un representante de la izquierda. Ha sido emitida por Nicolas Sarkozy, presidente de la República Francesa, que propone “acabar con la religión de la cifra” del PIB, arremetiendo contra el primer axioma sobre el que reposa la ideología económica imperante: el que identifica ese agregado monetario con el bienestar de la gente. Este hecho rompe el habitual conformismo de la clase política –de derechas y de izquierdas– con la mitología del crecimiento. La novedad no estriba tanto en denunciar los engaños del PIB como indicador de bienestar, como en el hecho de que quien lo denuncia sea el presidente de un país importante en un foro cultural tan reputado como la Universidad de la Sorbona. Su discurso se orientó a divulgar las propuestas de una comisión de expertos a la que había encomendado la tarea de reforzar la presencia del bienestar en las estadísticas económicas.

Más que discutir aquí las 12 recomendaciones de la comisión orientadas a completar las estadísticas con este propósito, interesa subrayar que el problema suscitado no es un problema técnico, sino uno ideológico y social mucho más amplio. Pues las estadísticas son el reflejo del statu quo mental e institucional que sostiene la hegemonía del cuadro macroeconómico, con el PIB a la cabeza, como el cuadro de mandos por antonomasia para dilucidar si “van bien” los países, evitando preguntarse hasta qué punto el aumento de ese revender con beneficio recogido en el PIB es bueno para el país y para la mayoría de sus habitantes. No estaría de más reflexionar sobre estas cuestiones en España cuando el divorcio entre crecimiento y bienestar ha sido tan ostensible durante el auge y cuando la polarización social y la pugna distributiva se acentúan ahora durante el declive. Más que reactivar la actividad económica, habría que controlarla socialmente para evitar que se dirija de nuevo por sendas especulativas que redundan en perjuicio de la mayoría, alimentando nuevas burbujas y críticos sobresaltos. Para ello hay que abrir ese cajón de sastre monetario que es el PIB y mirar lo que hay dentro y lo que queda fuera, para separar el grano de la paja, distinguir los bienes de los males y debatir lo que interesa que crezca y lo que interesa que decrezca.

Por ejemplo, se debería cambiar el marco institucional que hizo del negocio constructivo-inmobiliario la verdadera industria nacional. Pues, para beneficio de algunos, hipotecó medio país y desencadenó un tsunami de obras que, además de impactar negativamente sobre la calidad de vida y sobre el patrimonio urbano y de los ecosistemas circundantes, originó a la vez viviendas desocupadas y necesidades de vivienda insatisfechas.

José Manuel Naredo

Fuente: Público

martes, 15 de septiembre de 2009

Marcas blancas, consumidores, capitalismo y crisis

En medio de un proceso de restructuración del capitalismo, donde se multiplican el desempleo, el trabajo precario, el despido libre y la pérdida de derechos laborales, las empresas trasnacionales bogan por un consumo de marcas. Hacen defensa de lo suyo y no escatiman esfuerzos. En otros términos, tratan de inducir compras con sello. En la actualidad esta práctica se traduce en una agresiva campaña publicitaria, considerando irresponsable adquirir productos blancos. Todos los anuncios de las grandes empresas concluyen con un rotundo no producimos para otras marcas. Igualmente, han construido un relato específico: no se engañe, envases similares no garantizan calidad. Se sienten abandonados por los consumidores quienes han perdido la fidelidad una vez transcurrida la bonanza de los sectores medios, tan adicto a las modas como al consumo suntuario. Antes muerto que sencillo.

Hoy, los fabricantes de marcas consideran una competencia desleal la emergencia de productos de bajo costo. Según ellos, los ingenuos compradores se arriesgan a sufrir decepciones. Por consiguiente, son objeto de fraude. Además, optar por este tipo de consumo tiene una consecuencia nefasta: el aumento del desempleo. Si no lavan con los detergentes procedentes del futuro, desayunan con cereales para combatir el estreñimiento o meriendan con cremas de chocolate y avellanas para ser fuertes, las empresas con pedigrí se verán en la imperiosa y triste necesidad de recurrir al despido de personal. Todo tiene un precio y la irresponsabilidad, al preferir marcas blancas, conlleva profundizar la crisis y aumentar las cifras del paro. La conclusión es de Perogrullo; aporte su granito de arena. No renuncie a los consejos ni sea un mal consumidor. Evite convertirse en un pirata y un traidor. No se deje seducir por cantos de sirena. Comprar barato es una estrategia errónea y peligrosa. A la larga siempre sale caro. El ejemplo más sangrante para preservar el monopolio de las marcas con tanta explotación conseguida tiene su máxima en la actuación de las empresas farmacológicas y agroindustriales. Los grandes laboratorios se oponen al consumo de genéricos. Son cancerberos celosos de sus patentes e investigaciones. Tampoco las empresas enquistadas en el sector agrícola y alimentario se quedan atrás con su política agresiva de implantar el consumo de transgénicos. Ellos, que son los mismos que acosan y acaban con los pequeños y medianos campesinos, les obligan a consumir sus productos. Sin embargo, encolerizan cuando se cuestionan sus prácticas y se abren otras alternativas. Mutados en guardianes del mercado, no aceptan la competencia. Se consideran atacados por una plaga de ecologistas sin alma, cuyo fin pretende acabar con su existencia.

Así se presentan como honestos empresarios. Ayúdeles a sobrevivir. Gaste un poco más y obtenga en compensación el placer de olfatear olores exclusivos, paladear sabores sublimes y tener sensaciones de ensueño. No se abstenga, abra cajas con artículos 10 veces más pequeños en su interior. Practique idiomas leyendo las instrucciones en cirílico, alemán, francés o italiano. Viva la magia de envoltorios. Déjese llevar por el erotismo de las formas. Dé rienda suelta a sus emociones reprimidas cuando adquiera camisas Lacoste, sudaderas Adidas o pantalones Levi’s. Cruce la frontera, atrévase a saborear la diferencia. Siéntase deseado y admirado. Aléjese del resto de los mortales ajenos a la felicidad de vestir, comer o divertirse luciendo etiquetas de las trasnacionales comprometidas con el consumo responsable. Pero si a pesar de las recomendaciones opta por galletas, yogures, chorizos, camisas, perfumes o bolígrafos anónimos, se transforma en un canalla sin cualidades. Está condenado al fracaso y llevar una existencia gris. En definitiva, nos dicen, uno acaba siendo lo que consume. No debe conformarse con un coche cualquiera. Debe comprar un BMW, y si no paga los plazos fue feliz mientras duró, aunque le embarguen. Igualmente, no sea tacaño. Celebre el acontecimiento con champagne francés y no lo sustituya por sidra asturiana o vino espumoso. Si cae en dichas aberraciones demuestra su mediocridad.

Hasta hoy, los acólitos del capitalismo nos han dado la murga afirmando que el mercado constituye el espacio donde se despliega la libertad de elegir, base del progreso, la democracia y la acumulación de capital. Sin embargo, en medio de una crisis, cuando el principio y libertad de elegir debe primar sobre cualquier otro, su ejercicio se transforma en un obstáculo. Los consumidores apegados a sus criterios de libre elección son adjetivados de arpías, seres despreciables, sacrílegos condenados al infierno. Por esta razón, de la noche a la mañana, se elimina del manual del buen empresario la frase enseñada con tanto fervor a los empleados de sus comercios: el cliente siempre tiene razón. Ahora debe ser rechazada. Atrás queda el mercado fundamentado en los gustos del cliente. Si anteriormente los empresarios satisfacían al consumidor mediocre que prefería vino barato ofertando aguachirle a los mejores caldos, hoy es una alteración de las leyes de la oferta y la demanda. Este principio, otrora una verdad irrefutable para los gurús amantes de la economía de mercado, se considera obsoleto. Ahora son intervencionistas.

Por último, es curiosa la escasa o nula congruencia entre teoría y práctica de una economía de mercado. Primero se predica la libertad de elegir, y cuando se ejerce se penaliza a sus ingenuos ejecutores. Esta paradoja, inherente al capitalismo, no tiene solución dentro de sus entrañas, de lo contrario no sería una paradoja. Se vive en un mundo esquizofrénico donde no hay escapatoria, salvo transformando las paradojas en contradicción. Es decir, en enunciados dialécticos articulados a voluntades políticas para superarlos. En ello consiste el problema. Mientras tanto, las empresas cuyas marcas controlan el mercado seguirán patrocinando un consumo acorde con sus intereses en contra de toda perspectiva ética y humanista.

Marcos Roitman Rosenmann – Consejo Científico de ATTAC España

Artículo publicado en La Jornada.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Fútbol y globalización

La progresiva eliminación de fronteras a través de la integración de los mercados no solo se da en la teoría económica, sino también en la disciplina del fútbol. La pretensión de aumentar la cobertura y difusión de los clubes, se extiende para alcanzar una dimensión global. Se trata de un fenómeno que borra las fronteras nacionales, ya que la migración de jugadores de un lugar a otro es un fenómeno común y corriente en el mundo actual.

La expansión del fútbol en el mundo se inició a mediados del siglo XIX gracias al colonialismo británico a través de sus marinos que navegaban por todas partes del mundo. Pronto el fútbol se impregnó en la sociedad y su popularidad fue muy fácil de adoptar debido a la simplicidad de su juego y a su espíritu colectivo. Se podía jugar en cualquier campo, sólo bastaba una pelota. Lo jugaban tanto estudiantes de universidades como obreros industriales. Inicialmente los jugadores tenían actividades paralelas, el fútbol no era remunerado, luego se construyeron estadios que se convirtieron en un espacio de entretenimiento. Mucho después con el desarrollo del capitalismo, el fútbol se transforma en una actividad empresarial que traspasa las fronteras. Según una encuesta publicada por la FIFA en el año 2006: existen 300,000 clubes de fútbol, 265 millones de jugadores activos y 38 millones de jugadores registrados por las 208 asociaciones afiliadas. La FIFA tiene más países afiliados que la propia ONU.

Con el fin de tener un mayor alcance mundial del fútbol, la FIFA, ha sabido descentralizarse en “satélites” llamadas Confederaciones. Estas Confederaciones instauradas por Continentes, organizan sus propias competiciones, tanto a niveles de Clubes como de Selecciones Nacionales. Sin embargo, considero que tres procesos fueron claves para la aceleración de la globalización en el fútbol en la era moderna: El desarrollo vertiginoso de las telecomunicaciones, la implementación de la ley Bosman en Europa y la profesionalización de la gestión de los Clubes de fútbol.

En primer lugar, gracias a la apertura del mercado y la difusión de la televisión a nivel mundial, el fútbol es visto en todos los rincones del planeta. Campeonatos como la UEFA Champion Legue, la Copa Libertadores de América, la Premier League Inglesa, la Liga Española o la Serie A Italiana son transmitidas en muchos países. Es tal la difusión, que los consumidores de fútbol de los países en desarrollo no sólo crean un vínculo afectuoso con sus clubes preferidos de su localidad sino también con algunos de los grandes clubes que concentran los mejores jugadores del mundo. No es extraño ver en estos países, aficionados con camisetas del FC Barcelona, del Manchester United o del Real Madrid.

La comercialización de los derechos de televisión en el fútbol como espectáculo ha traído como consecuencia que los ingresos por televisión sean más importantes que los ingresos por taquillas. Pasamos de un mercado local concentrado en un estadio a un mercado global de millones de espectadores. Para entender la envergadura de la televisión, basta observar lo que sucedió en el último Campeonato Mundial organizado por la FIFA en Alemania 2006. La cobertura de la final por televisión fue vista por 715.1 millones de espectadores y se transmitió en 214 países por 376 canales de televisión.

La Ley Bosman en 1995, en pleno proceso de integración de la Unión Europea, también contribuyó a la globalización en el fútbol. Desde la promulgación de esta ley los jugadores de países pertenecientes a la U.E. dejaron de ocupar plaza de extranjero en los clubes europeos. Este proceso originó una mayor migración de futbolistas. En Inglaterra prácticamente no hay impedimento para poder jugar en los clubes de fútbol profesional. Los que no pertenecen a la U.E. pueden solicitar un permiso de trabajo. Para darnos una idea cuando se inició el nuevo formato de la Premier League en los años 92-93 contaba con 11 jugadores extranjeros. Este año tiene 337 jugadores extranjeros de 66 países. El Arsenal FC, considerado “el Club menos inglés”, en la temporada 2008-2009 tuvo en su plantilla 29 jugadores de los cuales 3 fueron ingleses. Solo uno, el joven Theo Walcott alternó como titular. Argentina cuenta con más de 1,000 jugadores registrados en campeonatos de diferentes ligas del mundo. Solo en el último campeonato de este año en La Liga Española hay 36 futbolistas argentinos.

Ahora bien, no es extraño ver en estos últimos tiempos que los clubes fichan jóvenes menores de edad con mucho potencial donde los forman para ser jugadores profesionales como fue el caso de Lionel Messi que a los 13 años se incorporó a La Masía, la residencia para los jugadores menores del FC Barcelona hasta llegar al primer equipo o el caso del peruano Pier Larrauri de también 13 años del Club Esther Grande de Bentín fichado por el Bayern de Munich.

Sin embargo en las transferencias internacionales se han dado casos de explotación de menores o aprovechamiento de la pobreza familiar en jugadores africanos o sudamericanos por empresarios inescrupulosos. Para evitar la explotación de menores, la FIFA ha reglamentado este tipo de transferencias como por ejemplo que los padres del jugador cambien de domicilio al mismo país sede del club o que el club deba cumplir una serie de requisitos a parte de la formación futbolística como garantizar al jugador una formación académica y óptimas condiciones de vivienda.

No solo este fenómeno migratorio de futbolistas se ha dado en estos tiempos sino también de capitales extranjeros. La Premier League, es un buen ejemplo de cómo ha atraído inversionistas de afuera. Tal el caso del norteamericano Malcom Glazer en el Manchester United (también dueño del Tampa Bay Bucanneer de Florida), el ruso Roman Abramovich en el Chelsea o los norteamericanos George Gillette y Tom Hicks en el Liverpool.

Otro aspecto importante que ha influido en acelerar la globalización es la profesionalización de los clubes. La industria del fútbol sigue evolucionado y los clubes requieren de organizaciones altamente profesionales. Estas organizaciones consideran al espectáculo de fútbol como el producto central. Este se complementa con todas las actividades relacionadas al mismo, desde la comercialización de los derechos de televisión, hasta la venta de merchandising, tours, consumo en el estadio, actividades no deportivas en las instalaciones, etc. Además entienden que los simpatizantes son sus clientes y como tal deben responder a sus necesidades y expectativas.

Bajo este concepto, los clubes más importantes del mundo están desarrollando verdaderos modelos de negocios y planes de marketing agresivos con el fin de buscar nuevos mercados para explotar su marca. Este esfuerzo ha hecho que por ejemplo el Manchester United tenga más simpatizantes fuera que dentro de Inglaterra. La consultora de marketing TNS Sport estimó por ejemplo que el club inglés cuenta con 333 millones de simpatizantes en el mundo, base mayor que toda la población de Estados Unidos. Solo en el Asia cuenta con 190 millones de simpatizantes. Por eso no es casualidad que por séptima vez el Manchester United realizará este año su gira por Asia (China, Corea del Sur y Malasia) éste año. He sido testigo real de la popularidad del Manchester United fuera de Inglaterra cuando estuve en un pequeño pueblo llamado Mezaira’a en el desierto de Liwa, en los Emiratos Árabes el año pasado viendo la final de la Champion League entre el Manchester United y el Chelsea. Estuve en un pequeño local viendo el partido y bebiendo té con aproximadamente 20 lugareños y me sorprendió que todos fueran simpatizantes del Manchester United. Este mismo club cuenta con una escuela de fútbol en Dubai.

En este espectro mundial, Europa le ha sacado una gran ventaja al resto de los continentes. Sudamérica y África se han convertido en exportadores de talentos para los Clubes de Europa, Asia en productores de indumentaria deportiva y consumidores de fútbol. Además la brecha entre Clubes ricos y pobres ha aumentado. Esta tendencia se observa también en Clubes dentro de un mismo país. Los 4 clubes grandes de Inglaterra: Manchester United, Liverpool, Arsenal y Chelsea dominan la Premier League desde hace 14 años. En España El Real Madrid y FC Barcelona en los últimos años comparten los campeonatos de la liga española. Como diría Szymanski y Kuypers en su libro “Winners & Losers – The Business Strategy of Football”, demuestra de forma estadística que a mayor inversión, mayor probabilidad de éxito deportivo.

Algunas personas como Jorge Valdano, actual Director General del Real Madrid, considera que la búsqueda de mayores ingresos y nuevos mercados de los grandes Clubes Europeos, podría traer en el futuro un campeonato entre estos Clubes de fama mundial. Del mismo modo en Play the Game, la sexta conferencia mundial sobre el deporte globalizado celebrado en Coventry este año, la socióloga Katarina Pijetlovic, de la Escuela de Leyes de Tallinn y Simon Gardiner de la Universidad de Leeds, pronostican la creación de una Super-Liga Europea, en la que estos clubes y no la UEFA, sean los que decidan las reglas.

¿Qué es lo que nos depara el fútbol en la aldea global? Se seguirá ampliando la brecha entre los clubes de fútbol como en cualquier actividad empresarial debido a las enormes diferencias económicas a menos que la FIFA proponga alguna solución para equilibrar la competitividad. Es muy probable que en el futuro los grandes clubes busquen filiales en mercados atractivos como China. Será muy difícil que existan fusiones entre clubes consolidados porque hay un ingrediente muy fuerte de identidad. Los simpatizantes de un club no se irán a otro club que lo compra como un portafolio de clientes de una empresa. Por otro lado, los clubes que quieran crecer y ser competitivos tendrán que formalizarse adaptando sus organizaciones a una gestión empresarial con profesionales calificados siguiendo el circulo: Inversión - éxito deportivo - mayores ingresos - consumidores leales.

Finalmente el fútbol dada su trascendencia e inserción en la sociedad seguirá siendo la fuente de entretenimiento más importante del mundo. El fútbol es el reflejo de la identidad de cada País, de cada Club y la identidad se construye sobre el amor a los colores y escudos. En términos de marketing, el cliente apasionado y leal es el mejor cliente, el fanático de fútbol lo es.

José Antonio Bacigalupo
Fuente: Le Monde Diplomatique

martes, 25 de agosto de 2009

Los debates mediáticos, una guerra perdida

Si es cierto que, parafraseando a Mark Twain, las noticias de la muerte de la izquierda son muy exageradas (y algo interesadas), éstas no se encuentran en el momento más fácil de su historia. La izquierda consigue tomar posiciones claras en muchos asuntos puntuales, pero no comunicar un proyecto político global. Hay que reconocer que en este momento la derecha consigue comunicar con el electorado moderado mucho más que la izquierda.

Las razones de esta falta de comunicación son muchas, pero aquí nos interesa una, poco analizada, mas muy importante: en los últimos 20 años la derecha de mercado ha conquistado el poder semiótico. Es decir, el control de las formas simbólicas y las estructuras en que se enmarca el debate político.

Hoy estas formas son sobre todo las de la televisión comercial, creadas en una ideología de mercado y, por tanto, adecuadas para transmitir mensajes de mercado. El problema que aquí se plantea no es el control político de los contenidos (aun si éste existe), sino el control simbólico de los sistemas de significación que producen mensajes públicos. El aforismo de McLuhan “el medio es el mensaje” es una simplificación algo grosera, pero la estructura semiótica de comunicación sí determina los mensajes que se pueden (o no) enviar.

La televisión pone el debate político en un contexto espectacular y competitivo. Lakoff y Johnson, en su libro Metaphors we live by, llaman esta metáfora “el debate es guerra”. Se debate para ganar, para dejar al adversario sin argumentos. En el debate televisivo, rápido y conflictivo, vale sobre todo la inmediatez de afirmaciones aisladas; el debate no tiene memoria.

Las prácticas discursivas de tipo industrial que presiden a la producción de opinión política imponen intercambios rápidos, frases lapidarias que no se adaptan a la elaboración de una teoría política.

La importancia del titular

Los periódicos fueron, en el pasado, un vehículo importante para el discurso político de izquierdas. Pero, a medida que aumentaba la dependencia de la publicidad y por tanto entraban en la lógica del consumo, haciendo de las empresas sus clientes y de los lectores su producto, los periódicos también cambiaron su modelo comunicativo.

Los artículos se han hecho más cortos y esquemáticos, y la comunicación se ha desplazado a los titulares. Hace 100 años éstos apenas ocupaban espacio, hoy, a veces, la mitad del espacio disponible para las noticias. En esta estructura simbólica es más fácil aceptar el statu quo que cuestionarlo.

Hoy en día todo análisis de la comunicación debe tener en cuenta internet y las redes sociales. Los movimientos sociales tienen el mérito de haber comprendido enseguida las posibilidades de internet como instrumento de acción política y social. Ya en 1999 la protesta del movimiento antiglobalización en Seattle se organizó sobre todo a través de la red. Las nuevas redes sociales, tales como Facebook, proporcionan formas aún más directas de participación.

Parece que la izquierda ha encontrado un sistema de comunicación y una estructura simbólica para su mensaje, pero internet también tiene sus limitaciones y tendencias peligrosas. Con su creciente comercialización, internet va simplificando su semiótica.

Es emblemático el caso de Twitter, un servicio de intercambio de mensajes muy cortos. Internet es un instrumento precioso para los movimientos con sus mensajes claros y limitados, y con sus necesidades sobre todo de proselitismo y organización. No es tan claro, sobre todo en vista de su evolución, si internet conseguirá superar esta fragmentación, esta especificidad y transformarse en un instrumento de elaboración de una teoría política.

El mercado ha creado unas estructuras simbólicas adecuadas para el discurso político de la derecha de mercado, pero que no se adaptan bien al discurso tradicional de la izquierda. En el largo plazo, la izquierda deberá utilizar los medios de comunicación, sobre todo los nuevos, de manera original, deberá construir amplias redes de recepción y debate, nuevas formas de codificar su discurso político, una nueva esfera pública no sujeta a la simplificación y la espectacularización del mercado.

En el corto plazo, hay que moverse en un mundo en que el poder semiótico está bajo el control de la derecha. Ganar una guerra de comunicación en estas condiciones es imposible, pero sí se pueden desarrollar estrategias de “guerrilla semiótica”, utilizando los instrumentos simbólicos de la derecha de mercado para evidenciar sus contradicciones.

Simone Santini.

Fuente: Diagonal

jueves, 16 de julio de 2009

La "irresistible ascensión" de la tecnocracia compasiva

La cooperación al desarrollo proclama principios solidarios ("La política de cooperación internacional al desarrollo expresa la solidaridad del pueblo español con los países en desarrollo y, particularmente, con los pueblos más desfavorecidos de otras naciones", dice la Ley de 1998), pero su naturaleza fundamental es económica: la gestión de un flujo de recursos, de "ayuda", Norte-Sur.

Se trata de una "economía de la oferta", determinada siempre, a corto o largo plazo, por los intereses del donante, en forma de retornos económicos y políticos, incluyendo la propagación de su sistema de valores y la aceptación de las jerarquías que rigen el "orden internacional". Es por ello estructuralmente desigualitaria: en el mejor de los casos, se plantea disminuir las desigualdades "extremas" (la "extrema pobreza"), pero acepta como naturales, inevitables o incluso positivas las desigualdades básicas de la sociedad capitalista. En nombre de la solidaridad, la cooperación al desarrollo difunde la lástima. Cuando responde a motivaciones nobles, al horror ante el sufrimiento y la miseria ajena, la lástima merece respeto. Pero no es solidaridad. La solidaridad implica una fraternidad [2], un compromiso con la emancipación de las y los desposeídos, una causa común en el Norte y en Sur, una acción política.

Dentro del "contenedor-cooperación al desarrollo" pueden tener y tienen cabida militancias solidarias, pero en situación conflictiva, en una lucha dispar contra la corriente mercantilizadora que domina hoy la cooperación al desarrollo. Precisamente por haber vivido esas contradicciones durante muchos años, y tener amigas y amigos que las siguen viviendo, en organizaciones con muy distintos perfiles ideológicos, he cuidado especialmente que las opiniones críticas, que son también autocríticas, no oculten el respeto a quienes intentan cada día que su trabajo sea coherente con su compromiso militante.

Del "voluntario" al "profesional"

El paso de arquetipo del "voluntario" al arquetipo del "profesional" es una muestra significativa de la evolución de las ONGD españolas en los últimos veinte años. El "voluntario" representó la personificación del "compromiso social" [3] que era considerada la forma genuina de la solidaridad, frente a la crisis del "compromiso político" encarnado en la figura del "militante". La calidad del voluntariado se basaba en la naturaleza moral, no "ideológica" o "política", de su compromiso, identificado con una causa genérica ("la lucha contra la pobreza"), no con un programa concreto, y en el carácter gratuito de sus servicios a la organización. Y la calidad de una ONGD tenía entre sus criterios fundamentales de medida el número de "voluntarios", que siempre debía multiplicar el de "profesionales". Todavía hoy, en las estadísticas de las ONGD se encuentran datos de voluntariado, pero en la realidad su influencia es marginal y, frecuentemente, es sólo una situación previa a la consecución de empleo.

Paradójicamente, el voluntariado ha reaparecido en escena, pero ahora vinculado a las grandes campañas de la política-espectáculo. En un reportaje publicado en El País [4], Juan Verde, asesor de Obama y miembro del Comité de Estrategia de su campaña, explica sin eufemismos la función que atribuye al voluntariado: "Es cierto que en Estados Unidos hay una cultura muy extendida de la asociación cívica. Es el país que más se involucra en proyectos de voluntariado del mundo. Pero creo que eso también terminará llegando aquí, porque el potencial es enorme y porque además, España también lo tiene. En Navidad se dona muchísimo dinero y cuando hay una catástrofe, los españoles siempre se vuelcan. Creo que aquí no se ha explotado aún el potencial del voluntariado porque los partidos no se han atrevido a romper con sus viejas estructuras, y hoy por hoy, siguen insistiendo en los militantes, pero llegará. Les necesitan. Obama no tenía fondos para hacer su campaña y consiguió que tres millones y medio de personas le dieran dinero gracias a los voluntarios". Esta función subalterna e instrumental de voluntariado, orientada a proporcionar trabajo gratuito con el objetivo prioritario de vincular la recaudación de fondos con la adhesión a una "causa" (desde este punto de vista, un liderazgo carismático desempeña una función mítica similar al discurso habitual sobre "la lucha contra pobreza"), conecta bien con el modelo dominante de ONGD, pero ha perdido en el camino su contenido moral.

La leyenda del cooperante

El sustituto moral del voluntario es ahora el "cooperante". José María Medina, cuando era presidente de la CONGDE (Coordinadora de ONG para el Desarrollo de España), definió así sus características: "La figura del cooperante es la de un profesional que está contratado laboralmente por una entidad pública o privada promotora de la cooperación (…) Un cooperante que está contratado laboralmente tiene que rendir a la organización que lo contrata un trabajo y desarrollar las funciones para las cuales ha sido contratado, podrá ejercer tareas de voluntariado en su tiempo libre" [5].

El cooperante es pues un "profesional" al servicio de la organización que lo contrata, pero a la vez funciona como una categoría simbólica mediante la cual las ONGD valoran su propio trabajo. Así, presentando el Estatuto del Cooperante, aprobado en abril de 2006, el entonces portavoz de la CONGDE, Félix Fuentenebro, afirmó que "no sólo era una deuda legal, sino también una deuda moral" [6]. A la vez, una nota de la CONGDE desarrolló el símbolo en los términos hiperbólicos siguientes: "Es remarcable el reconocimiento, la consideración, la atención y el respeto que la sociedad civil otorga a los y las cooperantes. El personal cooperante compromete y expone la totalidad de su persona en su trabajo cotidiano, convirtiéndose en muchos casos, en el 'emisario de solidaridad', en el lado humano de la cooperación, en la figura que pone cara a la solidaridad y en el encargado de proyectar la imagen solidaria de España en el exterior. Los cooperantes, como responsables últimos -y con frecuencia principales- del modo en que se lleva a cabo la cooperación, tienen en sus manos una parte fundamental del éxito o fracaso de ésta" [7]. Merece la pena comentar este texto que, a mi parecer, resume todos los tópicos de la leyenda del cooperante.

Empezando por lo más obvio, las y los cooperantes no son, ni deben ser "responsables últimos –y con frecuencia principales– del modo en que se lleva a cabo la cooperación". No lo son, porque la inmensa mayoría de los fondos de la cooperación al desarrollo se gestionan sin cooperantes, sea por vía bilateral o multilateral. Y no deben serlo porque si se entiende la cooperación como una acción social y no simplemente como una tarea de gestión técnico-administrativa, la responsabilidad en la identificación y en la ejecución de los proyectos debe estar en manos de las organizaciones del Sur, y las tareas de las y los cooperantes deberían limitarse al acompañamiento y la colaboración técnico-administrativa.

Pasando a un tema más delicado, no es verdad que "el personal cooperante compromete y expone la totalidad de su persona en su trabajo cotidiano". Salvo casos excepcionales, el trabajo del cooperante tiene condiciones de vida, horas de trabajo, vacaciones, incomodidades y compensaciones… que ciertamente incorporan en muchos casos motivaciones solidarias, pero en muchos otros son empleos, bien y a veces muy bien pagados, sin especiales contenidos morales. Una entrega excepcional sólo se da en situaciones extremas de "crisis humanitarias", o precisamente, cuando el cooperante hermana su trabajo con el compromiso militante en los conflictos sociales y políticos. Es reconfortante comprobar cómo quienes así lo hacen, y en condiciones especialmente arriesgadas, lo cuentan con naturalidad, sin el tono épico y patriótico (¡"proyectar la imagen solidaria de España en el exterior"!…) del texto que comentamos. Así, Alberto Arce, que hizo una formidable labor solidaria durante la ocupación de Gaza por las tropas israelíes a comienzos de año, explica así su trabajo:

"No, no. Yo no soy médico. Yo soy cooperante, periodista, responsable de comunicación y sensibilización de ONG. Mi perfil laboral es comunicar y sensibilizar desde el mundo de la cooperación. No soy médico. Yo estudié Ciencias Políticas. No tengo más formación sanitaria que unos cursillos de primeros auxilios y los guantes que llevo. Lo que hacemos en las ambulancias es que cuando un misil impacta sobre una casa o sobre cualquier lugar y se producen heridos y muertos, pues las ambulancias inmediatamente van a evacuarlos, y en cada ambulancia habitualmente va un conductor, un médico y un auxiliar o un camillero, y yo hago esa función auxiliar (…). El resto del tiempo trato de escribir, hablar, informar y comunicarme para que todo el mundo sepa lo que está pasando aquí. Sobre todo cuando Israel ha decidido que no haya testigos, que no haya periodistas occidentales en la Franja de Gaza, trato desde aquí de ejercer mi rebeldía contra la decisión israelí y demostrarles que no hace falta tener el quinto, el tercer o el segundo ejército más poderoso del mundo para responderles, sino que cualquier simple activista, si quiere y se lo propone, puede responder al Estado de Israel" [8]. No se puede explicar mejor la vinculación entre cooperante y militante. Una vinculación que no entra en el campo de visión de la CONGDE.

El tecnócrata compasivo

Pero finalmente, no son las y los cooperantes quienes dirigen las ONGD; en general, su influencia se limita, como mucho, a los proyectos en los que participan. Las ONGD se dirigen desde organismos y equipos situados en el país donante, en los que desempeñan un papel decisivo los "profesionales". Aquí las relaciones entre el trabajo de cooperación y la militancia solidaria son aún más complejas que en el "terreno".

Los problemas empiezan en el concepto mismo de "profesional". Es obvio que el trabajo de cooperación requiere la colaboración de especialistas en determinadas áreas: arquitectura, medicina, ingeniería, comunicación, economía, enseñanza… Es obvio también que la formulación y gestión de proyectos debe hacerse bien, lo cual requiere que quienes lo hacen tengan un nivel adecuado de formación, conocimientos técnicos, experiencia, etc... Y debería ser obvio, pero no lo es siempre, que quienes trabajan en ONGD tienen los derechos básicos laborales y sindicales que corresponden a su cualificación y a su contrato y deben ejercerlos sin ninguna limitación.

Pero la figura del "profesional" que se está imponiendo con fuerza irresistible en la cooperación al desarrollo tiene otros fundamentos. A partir del momento en que el donante decide las características esenciales de la acción de cooperación, las personas encargadas de la ejecución-subcontrata responden al modelo de técnicos de cultura empresarial y políticamente disciplinados (lo que se suele calificar como "apolíticos"). Hasta ahora éste era el perfil profesional de las empresas consultoras. Ahora ha impregnado a las ONGD, añadiéndole un barniz asistencial (según un bobo eufemismo al uso: se trataría de combinar la "calidad" con la "calidez"): así ha surgido el tecnócrata compasivo, que se mueve con soltura, y sin apreciar cambios de entorno, en las puertas giratorias que comunican empresas privadas+agencias de cooperación públicas+ONGD.

Liberarse de esta presión es extremadamente difícil. La creciente complejidad técnica de la ejecución de proyectos y la hipertrofia presupuestaria en que han caído muchas ONGD, hipnotizadas por el ansia de crecimiento, absorben por completo el tiempo de trabajo y desplazan la militancia, cuando se tiene la voluntad de hacerla, hacia las "horas libres".

En principio, podríamos considerar que éste es un esfuerzo importante, pero nada excepcional: así funcionan los movimientos sociales, que están formados mayoritariamente por personas que militan después de la jornada laboral en la que se ganan la vida; la distinción entre "voluntario" y "militante" en términos de interés material es pura ideología posmoderna. Pero la contradicción aparece cuando se quiere hermanar el trabajo y el compromiso solidario, cuando se rechaza la esquizofrenia de comportarse como un(a) tecnócrata de la cooperación en horario laboral y como un(a) militante de la solidaridad fuera de la oficina.

La solidaridad es una compañera incómoda del trabajo de cooperación: obliga a ser especialmente exigente no sólo en los resultados contables, sino en las consecuencias sociales de las acciones; a trabajar pensando en primer lugar en las personas y las organizaciones con las que compartimos el proyecto, y no en las evaluaciones y auditorías de los donantes; a plantearse preguntas incómodas (por ejemplo: ¿por qué a trabajo igual hay diferencias salariales tan importantes entre el "personal local" y el "personal expatriado", por qué los cooperantes no pagan impuestos en el país en el que residen y cuya infraestructura y servicios, por modestos que sean, utilizan?...); a considerar que el compromiso social y político con la gente del Sur va más allá de la ejecución de proyectos; a asumir todos los conflictos que genera este compromiso frente a donantes y empresas de tu propio país…

No creo que se puedan eludir por completo estas contradicciones; al menos yo no fui capaz de hacerlo. Pero sí se debe reconocerlas, buscar cómo afrontarlas y asumir los riesgos de la coherencia cuando se plantean conflictos abiertos en los que hay que elegir campo.

La tecnocracia compasiva está vaciando de contenido solidario la cooperación al desarrollo. Hay que oponerle alternativas en el discurso y en la práctica. No faltarán ocasiones para hacerlas visibles. Por ejemplo, durante la presidencia española de la Unión Europea, en el primer semestre del año 2010.


Notas

[1] He escrito anteriormente sobre este tema. Por ejemplo, "La solidaridad de mercado", en Luis Nieto (coord.) (2002): La ética de las ONGD y la lógica mercantil, Icaria, Barcelona (2002). [2] Doménech, Antoni (2004): El eclipse de la fraternidad, Barcelona, Crítica. [3] Joaquín García Roca ha escrito muchos textos de referencia con este punto de vista. Ver, por ejemplo: Solidaridad y voluntariado, Editorial Sal Terrae, Santander, 1998.[4] Natalia Junquera: "El voluntario sale a escena. Los políticos descubren el potencial ciudadano, animados por Obama y obligados por la crisis", El País, 02/03/2009. [5] Ver en: www.amecopress.net. [6] Ver en: www.canalsolidario.org [7] Ver: www.solidaridad.universia.es/archivos pdf/Estatuto.pdf [8] Ver entrevista en Radio Mundo Real: www.radiomundial.com.ve

Miguel Romero es periodista y editor de la revista Viento Sur. Hasta febrero de 2009 formó parte del equipo técnico de la ONGD Acsur-Las Segovias.

Revista Pueblos, 37, junio 2009