lunes, 19 de marzo de 2012

Jornadas sobre el Derecho Humano al Agua. Murcia (22 al 24 de marzo)



Jornadas sobre el Derecho Humano al Agua.
Hacia la gestión pública del agua

22-23 y 24 de marzo. 
Murcia

Día 22 (19.30 h): Café Ficciones

Día 23 (10 a 21h): Salón de Grados de la Facultad de Derecho. UMU

Día 24 (11 a 19h): Plaza del Ayuntamiento (La Glorieta)

Organiza: Asamblea Fama-Paz-Vistabella. 15-M

Más información en Facebook: Asamblea Murcia Este FamaPazVistabella



Dación en pago. Un decreto que aumenta la desprotección de la ciudadanía. Comunicado de Attac Madrid

Comunicado de ATTAC Madrid

El decreto-ley de medidas urgentes de protección de deudores hipotecarios sin recursos invoca el artículo 47 de la Constitución —derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada— y recuerda la obligación efectiva de las administraciones para legislar y gobernar conforme a los mandatos de los derechos constitucionales. Sin embargo, ATTAC Madrid constata que, por el contrario, esta norma no garantiza ese derecho constitucional y permite que las administraciones deleguen arbitrariamente su obligación de ejercer la tutela de este derecho a las entidades financieras.

Para verter claridad sobre la falta de coincidencia entre la exposición de motivos y el desarrollo del decreto-ley, en ATTAC Madrid debemos puntualizar:

1. Los requisitos exigidos para poder ser beneficiarios de las medidas son extremadamente restrictivos. El que todos los miembros de la unidad familiar deban estar en paro o carezcan de algún tipo de renta por actividad económica significa la exclusión efectiva de una inmensa mayoría de ciudadanos, que, a pesar de no poder hacer frente a sus deudas hipotecarias, están recibiendo algún tipo de salario en tiempos en que los contratos laborales fomentados desde las propias administraciones contemplan una precarización salarial. Es de reseñar, además, la injusticia que se comete al dejar fuera del decreto-ley a los cientos de miles de deudores que han sido desahuciados en estos últimos años. Aquellos que, precisamente, con su lucha han dado visibilidad a este enorme problema. Para ellos no hay ninguna medida que palie la enorme deuda que mantiene de por vida.

2. Se exige que los avalistas cumplan estos mismos requisitos. Con otras palabras, si a un hipotecado le han avalado sus padres o sus abuelos, no se podrá beneficiar de las medidas frente al desahucio a no ser que sus padres o abuelos tengan a todos los miembros de sus familias en paro, carezcan de bienes suficientes para hacer frente a la deuda y, por último, sus ingresos, conjuntamente con los del propio hipotecado, no superen el 60% de la letra de la hipoteca. De esta forma, el gobierno cae en el absurdo de pretender dar protección a las hipotecas sin avalistas, es decir, las hipotecas presuntamente “solventes”. Además, parece ignorar que los avales cruzados han provocado demandas judiciales por parte de colectivos que denuncian una estafa masiva.

3. La tipología de viviendas es arbitraria y claramente insuficiente. Así, entran en la misma escala del baremo ciudades como San Sebastián o Badajoz, cuando el precio de una vivienda en la primera casi triplica el de la segunda. Asimismo, las sobretasaciones de más de un 30% del valor de la vivienda efectuadas por la banca –recientemente denunciadas por el propio gobierno– supondrán una nueva traba inmotivada para la aplicación de las medidas de este decreto-ley.

4. Todas estas limitaciones hacen que se produzcan enormes agravios comparativos en la aplicación del decreto-ley. Así, los nuevos intereses de demora del 2,5% sobre el capital pendiente del préstamo solamente afectan a los deudores en el umbral de exclusión. Al resto seguirán aplicándose intereses de demora que, en ocasiones, pueden llegar a superar el 20%, sin modificación alguna.

5. El decreto-ley supone un vehículo para la agilización de las subastas notariales. Sin tener nada que aportar con respecto a los objetivos marcados (recordemos que eran medidas urgentes de protección a deudores hipotecarios), se acortan todos los plazos para que las viviendas sean adjudicadas por las entidades financieras. Además, se evita la tutela judicial en los procesos de desahucio. Por ello debemos recordar que diferentes instancias judiciales, a destacar las Audiencias Provinciales de Navarra y Girona, han dictado sentencias favorables a los deudores y contrarias a los intereses de las entidades financieras. Esta medida no nace, bajo ningún concepto, como una protección de los deudores imposibilitados de pagar sus préstamos. Es una medida que favorece exclusivamente a las entidades financieras y de apoyo económico a las notarías, las cuales, sin duda, verán incrementado su negocio.

6. La supervisión del “código de buenas prácticas” nace viciada. La mayoría de los miembros de la Comisión de control provienen de entidades que han fallado claramente en el control de las prácticas bancarias: Banco de España, CNMV, Asociación Hipotecaria. No han sido incluidos ni asociaciones de consumidores ni ningún tipo de organización de defensa de hipotecados. Con los miembros designados la falta de transparencia está asegurada.

7. La adhesión voluntaria al “código de buenas prácticas” es una forma astuta de alejar del debate las reclamaciones a favor de la retroactividad de la dación en pago. La voluntariedad elimina la imposición legal. Pero el evidente consenso con las entidades bancarias que se desprende de la lectura del decreto-ley ha provocado que este sea enormemente restrictivo. En ningún momento el gobierno ha estimado, con datos que debería poseer y que deberían estar al alcance de la ciudadanía si existiera una transparencia elemental, cuántos deudores podrán realmente acogerse al código de buenas prácticas. En ATTAC Madrid sospechamos que son muy pocos.

8. El Código de buenas prácticas sólo es asumible por las entidades financieras. De esta forma, no se podrá dar solución a las reunificaciones de deuda llevadas a cabo por gestorías y otras entidades que operan en el mercado español. Esto limitará aún más el número de posibles beneficiarios de estas medidas, toda vez que las reunificadoras de deudas, que en general aplican condiciones abusivas, han sido una de las fórmulas utilizadas por los hipotecados más apurados para evitar la ejecución.

Por todo ello, ATTAC Madrid califica el decreto-ley de ineficaz. Es completamente inútil para garantizar el derecho a la vivienda. Desde que el actual gobierno tomó posesión se han dictado una seria de medidas para afrontar el problema que tiene la banca con sus activos tóxicos: inversiones en ladrillo y suelo. En ninguna se ha planteado el problema desde el punto de vista del derecho al acceso a una vivienda digna. Todas han pretendido ayudar a solventar la situación financiera de la banca. Son medidas especialmente favorecedoras para las entidades de mayor tamaño. El acceso a la vivienda en propiedad sigue siendo incuestionable para el gobierno. Pese a que los desahucios por impago de alquiler son proporcionalmente mayores que los desahucios por impago de hipoteca, siguen siendo invisibles. Especialmente graves son los desahucios que se llevan a cabo en las viviendas sociales gestionadas por las administraciones. Personas que acceden a este tipo de viviendas por carencia de recursos económicos y que son desahuciadas por entidades como el IVIMA en Madrid, por esos mismos motivos económicos. Una aberración que se sigue produciendo a diario.

ATTAC Madrid lamenta la ausencia de una política de vivienda que encare el derecho a la vivienda como un derecho constitucional. Así como existen una ley general de Sanidad o una ley general de Educación, jamás se ha planteado por los diferentes gobiernos establecer una ley general de Vivienda. El actual decreto-ley no es más que un parche más, consensuado, pese a la teatralización de su disgusto, con las entidades financieras. El acceso a una vivienda digna sigue estando tan difícil, o imposible, para millones de ciudadanos de este país.

Attac Madrid. Marzo 2012

domingo, 18 de marzo de 2012

¿Qué hacer?

A todos los que queremos que exista la posibilidad de salir con bien de este mundo en el que estamos metidos y vivir de verdad una humanidad plena, la pregunta que más nos lacera, la que nos deja paralizados, la que nos impide realmente proponer algo que sea considerado útil es esta: ¿qué hacer? Desde hace mucho tiempo lleva esta pregunta rondando a los que nos alistamos en las filas de la alternativa real a este mundo de muerte y prevaricación. Es la pregunta clave, aquella que nos deja sin palabras, la que nos lanzan como dardo envenenado los defensores del modelo actual. Ellos, muy realistas, nos dicen que no hay alternativas, que hagas lo que hagas lo harás dentro del modelo, paradigma le llamo yo, capitalista y que por tanto no existe el afuera.

Todo está dentro del sistema, todo está engullido por el modelo, no hay nada que le pueda hacer caer, pues hasta las alternativas acaban fortaleciéndolo. Pensemos en el socialismo que mediante su versión más risible, la socialdemocracia, acabó apuntalando al sistema y, de paso, eliminando a los verdaderos revolucionarios, como fue el caso de Rosa Luxemburgo. Pensemos en el movimiento feminista, integrado en todos los partidos defensores del sistema. Pensemos también en el ecologismo y en todos los movimientos contraculturales habidos hasta la fecha. Todos, sin excepción, han terminado haciendo más grande a la Bestia. Nada escapa a su mirada, su número está marcado a fuego en nuestras frentes.

Creo que el error está en la misma pregunta y en intentar contestarla. Cuando los apologetas del sistema preguntan qué proponéis, cuando los que quieren cambiarlo preguntan qué debemos hacer, están entrando dentro del sistema. Una vez metidos en la retórica de la acción, del productivismo, estamos insertos de lleno en el modelo economicista de productividad a toda costa, de lucro desenfrenado, lo que sucede es que se trata de un lucro muy otro, es el lucro de las ideas. Se basa en el supuesto que las ideas, los sentimientos, las sensaciones, como el trabajo y los recursos, deben ser productivos, de ahí el sesgo productivista del interrogante ¿qué hacer? Occidente entero, toda la modernidad, se ha creado en torno a este mantra activista, hijo de una manera de ver el mundo que se ancla en el subjetivismo, el individualismo y la razón técnica. ¿Qué hacer? se convierte así en el arma y en el campo de batalla, ocupa todo el escenario y el supuesto crítico del sistema acaba engullido por él aún antes de empezar la batalla.

La única manera realista de salir del sistema es no caer en su estratagema. Hay que situar la batalla en otro terreno, no podemos luchar en su territorio. Lo primero invirtiendo la pregunta: ¿qué haréis para evitar la catástrofe? Y en segundo lugar, planteando un santo decir sí, a lo Nietzsche. al revertir la pregunta hacemos recaer el onus probandi sobre el acusado, el sistema capitalista. Es él quien debe probar que el productivismo ilimitado, que el uso intensivo y extensivo del planeta, que la reducción del hombre aconsumptor, que la eliminación de las diferencias, son viables en el futuro. Y no nos puede servir el fácil recurso al cambio tecnológico, eso ya lo rebatió uno de ellos, Daniel Bell, en su clarividente Las contradicciones culturales del capitalismo. Ellos han de probar que esto es viable y al no poder, quedará claro que es un sistema llamado a la extinción. Entonces, debemos dejar claro que nada queremos saber de él y que nosotros tenemos nuestro modelo, al que yo he llamado economía del don y otros llaman de otra manera. Hemos de quitarnos de la cabeza que ir hacia otro sistema desde este se realizará por pasos progresivos, no, no hay evolución posible desde el capitalismo hacia otro modelo. Leyendo a Jay Guold, lo que habrá es exaptación, es decir, un cambio radical sin continuidad con lo anterior. La humanidad habrá de exaptar o morir y ahí es donde estamos nosotros. Cuando llegue el día, estaremos preparados, porque no habremos perdido ni un minuto en discutir qué hacer y porque habremos dedicado todas nuestras energías a otro mundo. Por eso, la pregunta no es qué hacer, sino esta otra, qué no hacer.


Bernardo Pérez Andreo es Profesor Titular de Teología, Director del Departamento de Filosofía, y Coordinador del Máster en Teología y del Programa de Doctorado en Teología del Instituto Teológico de Murcia.
Rebelión

Desvelar la utopía

“La utopía de 1919 estaba vacía y no tenía fundamento. No tenía influencia en el futuro porque ya no tenía ninguna raigambre en el presente. Era una utopía que tenía muy poco en cuenta la realidad.”
E.H Carr (1939) 

Habitualmente empleamos el término utopía para referirnos a la izquierda política, sin embargo, desde los años setenta del pasado siglo ha sido la derecha la que ha conseguido el triunfo de su utopía. Una utopía triunfa cuando se deja de percibir su carácter ilusorio y se convierte en un convencionalismo. Desde las filas conservadoras se ha revivido la vieja utopía liberal de finales del siglo XIX y principios del XX con todos sus componentes: la primacía de lo individual acaba generando beneficios colectivos; el mundo es un gran mercado infinito y en permanente expansión; la necesidad de una libertad entendida como ausencia de regulaciones....

El triunfo, de nuevo, de esta vieja utopía ha sido tan abrumador que es el aire que respiramos, es la materia que compone los discursos políticos y económicos. Al convertirse en un pensamiento institucionalizado oculta su carácter utópico y se presenta como la única realidad posible. Hemos construido desde entonces arquitecturas institucionales tan complejas como la UE sobre estas bases y hoy, cuando nos acercamos a los límites que la realidad marca a esta utopía, cuando es evidente que los acontecimientos tienen la mala costumbre de no ajustarse al ideal, construimos las pretendidas soluciones sobre las mismas ideas. Tomamos medidas que se ajustan como un guante a lo que el utopismo liberal profetiza pero que se alejan dramáticamente de lo que la Historia nos enseña que es más probable que suceda. Esta discrepancia entre lo percibido y lo sucedido es clave. Construimos soluciones para un espejismo, somos prisioneros de una idea irrealizable.

Pero mientras nos esforzamos en que el mundo se ajuste al ideal conservador, los acontecimientos circulan por una vía paralela, las medidas que se toman agravan el problema y, lo que es peor, marcan sombríos caminos que ya hemos transitado en otros períodos históricos. El sacrificio de conceptos como la soberanía popular, la ciudadanía, los derechos sociales y laborales en el altar de la competencia y la productividad nos conducen irremediablemente a la deshumanización, a la consideración del conflicto y la lucha como valores positivos y a considerar desechables a aquellos que no sepan o no puedan adaptarse a estas nuevas condiciones. Si adoptamos la competencia y la productividad como valores fuertes en torno a los cuales edificar un nuevo pacto social la catástrofe está asegurada, y las más negras pesadillas se harán realidad. 

Y no sólo se trata de un problema de índole moral, sino que, desde el punto de vista estrictamente económico tampoco parece una gran idea orientar nuestros sistemas productivos a una economía basada en las exportaciones cuando, todo indica, que nos encaminamos a un escenario de dificultades y tensiones geopolíticas. El colapso de la “pax americana” abre la puerta a un futuro incierto de conflictos en el que una economía abierta y globalizada, como la que hemos conocido durante los últimos veinte años está en franco retroceso. En palabras del sociólogo Richard Sennett: “la desglobalización ha comenzado”. Si esto es así, ¿qué sentido tiene orientar todos nuestros esfuerzos a globalizar nuestra economía?.

No necesitamos tecnócratas, necesitamos personas que puedan o intenten dar respuesta a estas cuestiones. La primera y difícil tarea debe ser desvelar la utopía, desenmascarar una ilusión que es peligrosa ya que corremos un serio riesgo de que, persiguiendo un sueño, encontremos una pesadilla.

Juan Seoane, Federación de Enseñanza CGT Huesca
Rebelión

viernes, 16 de marzo de 2012

Érase una vez la huelga general. "Tomar la huelga"

Imaginando la huelga…
La gente toma las plazas, ollas populares, personas que comparten. Los pequeños comercios se unen a los pasacalles organizados por las asambleas de barrio. Hackers sonrientes porque las webs de información bursátil llevan sin funcionar todo el día. Fábricas cerradas, transportes parados y las grandes multinacionales no venden nada, también hay huelga de consumo. Grupos de gente denunciando los desahucios a las puertas de cientos de sucursales bancarias. Cada parado toma su calle, y junto a sus amigos habla con conductores y peatones, apelando a la responsabilidad de todos para cambiar un modelo que deja fuera a muchos y muchas. De los hospitales salen mareas blancas, promovidas por aquellos que creen que sin una sanidad común la salud de la mayoría será peor. Profes, alumnos y familias desfilan con camisetas verdes, símbolo de los que apuestan por mejorar la escuela de todos y todas. Cuidadoras haciéndose visibles porque sin ellas no se mueve el mundo. Miles de personas sacando sus ahorros de esos bancos que nos han engañado para depositarlos en otros que funcionan con criterios éticos. Investigadoras, interinos y universitarias tomando los medios de comunicación para transmitir que quieren quedarse aquí y luchar por un futuro mejor. Precarios y autónomas que, si no pueden dejar de trabajar, salen disparados del curro para encontrase en las calles con la gente en la que confían. Gentes nacidas aquí o venidas de lejos que tienen mucho que aportar. Ciudades de todo el mundo atentas a una huelga inclusiva, de la gente común, del 99%.

Recordando la huelga…
La huelga general siempre fue un gran mito, en sentido positivo. Ese momento en el que mucha gente se pone de acuerdo para detener la producción y así conseguir mejorar sus condiciones de vida. La huelga general demostraba que los trabajadores y trabajadoras son quienes crean riqueza. También enseñaba que juntos se logran cosas.

En estos momentos ese mito no pasa por sus mejores momentos: después de casi 40 años de rodillo neoliberal parece que la huelga general ha pasado de moda. Por un lado, Thatcher demostró que un gobierno podía aguantar meses de huelgas masivas y los políticos han tomado nota. Lo hemos visto en Francia y en Grecia. Por otro lado, cuatro décadas de políticas públicas orientadas a acabar con la capacidad de negociación de los trabajadores ha afectado la influencia de la gran puesta en escena de su fuerza. A fin de cuentas, las huelgas han sido verdaderamente eficaces en aquellas épocas en que los trabajadores podían ejercer un contrapoder por medio de generar escasez de mano de obra.

Los cambios en la organización productiva, con la deslocalización industrial y la atomización en pequeñas unidades, han restado importancia en número e incidencia a las grandes fábricas, aquellas con trabajadores capaces de detener y sabotear la producción. La precariedad dificulta esa capacidad, en gran parte debido a la inestabilidad que impide la creación de vínculos en el lugar de trabajo. El paro estructural, ahora de proporciones gigantescas, pero siempre presente desde la crisis de 1973, deja fuera de la huelga tradicional a millones de personas. A las que hay que sumar los trabajados no siempre reciben un salario: cuidados, producción cultural, formación, etc. Hoy la producción de riqueza tiene mucho que ver con cosas que no son fáciles de medir y que no revierten en toda la sociedad, que es las que las produce de manera conjunta. ¿Quién da valor a Facebook o Twitter? Sin duda la gente que lo usa y que por hacerlo no lo desgasta, al revés, lo revaloriza, aunque unas pocas manos acumulan los beneficios.

Pensando la huelga…
El próximo 29 de marzo, los dos grandes sindicatos han convocado a sus afiliados a parar el país sin demasiado entusiasmo. Las reacciones han sido dispares. El sector más moderado del Partido Popular, utilizando la legitimidad que le otorgan las urnas y contando con un plazo de tiempo para llevar a cabo su plan de reformas, apela a la responsabilidad de los sindicatos y a la paciencia de los ciudadanos. Mariano Rajoy defiende la rebaja de derechos laborales, aunque reconoce que no va a generar empleo. Y es que los gobiernos europeos, sobre todo los del sur y del este, para sobrevivir a la presión de los mercados permitida por el BCE y la Comisión Europea, están obligados a poner en marcha una serie de reformas que afectan a los equilibrios sociales en beneficio de una minoría. No hay alternativa, nada de cambiar la fiscalidad para repartir la riqueza    ̶más abundante que nunca antes en la historia. Parece que el 1% manda y los gobiernos obedecen, máxime si obedecer supone cierta coherencia con su propio programa de gobierno.

Los sectores más duros de la derecha han aprovechado la ocasión para atacar a los sindicatos, utilizando críticas que son compartidas por amplios sectores de la población que no están de acuerdo con la financiación de liberados, con su inmovilismo durante los primeros momentos de la crisis y con su falta de cercanía hacia sectores sociales que por sus condiciones laborales     ̶parados, precarias, amas de casa, autónomos, microempresarias, interinos   ̶ no cuentan apenas para los grandes sindicatos. Por otro lado, la gente de izquierdas, que varían en su nivel de crítica a CCOO-UGT, asumen la huelga como el momento principal para detener las políticas del PP, muy parecidas a las que puso en práctica el PSOE.

Las cúpulas de las grandes centrales sindicales saben lo mucho que se juegan, que su capacidad como contrapeso frente a los gobiernos cada vez es menor y apenas pueden suavizar los ataques que vienen desde los centros de poder europeos y mundiales. CCOO-UGT necesitan un respaldo para negociar algo. El Gobierno no quiere salir muy dañado. Desde esta perspectiva, la huelga bien podría compararse con una partida de ajedrez. Ni unos ni otros creen que esta huelga pueda marcar un cambio. Rajoy seguirá diciendo que le obliga Europa, lo cual da muchas pistas, mientras Toxo y Méndez intentarán conseguir alguna concesión aunque tengan que dar la espalda a la gente que apoye la huelga.

La concertación CCOO-UGT-Gobierno-Patronal viene de lejos y resulta ciertamente inoperante en estos momentos, cuando el mundo laboral está lleno de figuras heterogéneas y abundan los trabajos intermitentes. Al igual que el bipartidismo deja mucho que desear, las formas de participación sindical benefician claramente a los dos grandes sindicatos, bien lo pueden asegurar los pequeños sindicatos que apuestan por otra forma de organización. El miedo de los sindicatos a perder su estatus y el oportunismo de los grandes empresarios en estos momento de crisis, está desdibujando la concertación en favor de los segundos, que seguirán exigiendo ventajas si no cambia el equilibrio de fuerzas.

Tomando la huelga…
La convocatoria de CCOO-UGT echa para atrás a mucha gente, que, aun estando en contra de la reforma laboral, no se siente representada por las cúpulas sindicales. Tampoco supone un aliciente la falta de apertura de los grandes sindicatos, que unos días atrás hacían explícita su intención de controlar al 15M en todo lo que tuviera que ver con la reforma laboral, como si los grandes acontecimientos pudieran ser controlados.

Después de la primavera pasada nuevos actores sociales pueden desbordar un tablero de juego que permite pocos movimientos. El 29M puede ser distinto al 29S. Desde que se tomaron las plazas mucha gente de diferentes condiciones y pareceres dejó claro que está harta de seguir siendo estafada con la excusa de la crisis. Ahora, ante la convocatoria de huelga general se abre la posibilidad de que los enjambres vuelvan a confluir para desplegar su creatividad. Pensar una convocatoria abierta es un factor clave, así como la necesidad de presionar a los que se están beneficiando de la crisis. Tomar la huelga puede ser un buen momento para ensayar un repertorio de acciones de cara a las convocatorias del 12-15 de mayo. El día 29 de marzo es un escenario inmejorable para actualizar formas de intervención que han sido muy útiles y para experimentar otras novedosas. Un inventario de acciones inclusivas, que abran nuevos escenarios y puedan ser replicadas.

La ola de alegría puesta en escena desde hace casi un año puede convertir la huelga en algo distinto a lo esperado. El reto es ser hostiles al 1% sin perder la ternura, sin dejar de protegernos entre todos para seguir conmoviendo a mucha gente. Si algo hemos aprendido del #15M es la cooperación entre diferentes. Si algo hemos vivido en las acampadas y en la red es un sentimiento que nos une para expresar que no somos mercancías y que queremos una democracia digna de tal nombre. Pero ese nosotros no emerge como oposición a tal o cual gobierno, a esta o aquella medida, sino como hartazgo ante un sistema político cada vez más falso y un régimen económico que perjudica a la mayoría. En estos momentos una huelga a la defensiva no es suficiente, el desafío es democratizar la toma de decisiones y conseguir nuevos derechos en provecho del 99%. Un nuevo pacto social que ponga encima de la mesa la necesaria redistribución de la riqueza y del poder en favor de la mayoría.




jueves, 15 de marzo de 2012

Recuerda: Viernes 16 de marzo: "Attac-Altereconomía. Espacio de economía crítica". Es para tí :)





ATTAC ALTERECONOMÍA
Espacio de Economía Crítica


TALLER: LA ALTERNATIVA DEL DECRECIMIENTO
Viernes, 16 de marzo. 19:00 – 21:30
CSA Al Trajín 
(c/ Alcalde Juan López Somalo,1. Murcia)
Asistencia libre

Coordinador. Luis A. Bermejo
(Economista y miembro de Attac) 
Organiza: Attac Murcia y Centro de Estudios 15M


Programa:
19:00 Exposición: Panorámica actual de la economía española (recesión y desempleo).

El objetivo de la exposición es aportar a los asistentes un conocimiento básico sobre conceptos económicos de uso habitual y, a la vez, presentar una panorámica de la situación económica actual.

Contenidos: Introducción al concepto de crecimiento económico, medido a través del PIB; agregados que componen el PIB; situación actual, evolución en los últimos años y expectativas futuras; relaciones entre crecimiento económico, déficit público, endeudamiento y desempleo; y otros indicadores de bienestar.

20:00 Debate sobre alternativas: La opción por el decrecimiento.

El objetivo es fomentar entre los asistentes la reflexión sobre los límites del modelo de crecimiento y el debate sobre los problemas y oportunidades de la opción por el decreciiento.

Contenidos: breve exposición sobre los límites del crecimiento económico e introducción del concepto de decrecimiento. Debate abierto entre los asistentes.

21:00 Cierre de la sesión y presentación de conclusiones.


ATTAC ALTERECONOMÍA
¿Entendemos la economía? ¿Sabemos el significado de los conceptos económicos con que nos bombardean desde los medios de comunicación? ¿Podemos argumentar, en términos económicos, a los políticos y expertos? ¿Queremos formular críticas y alternativas desde el desconocimiento?.

En nuestra sociedad, la economía se ha apoderado de espacios que no le pertenecen. A pasado de ser un saber experto a convertirse en el elemento central que legitima determinadas visiones y concepciones sociales. Sin embargo, la mayoría de los ciudadanos desconocen el significado de los conceptos económicos con los que se construyen argumentos y críticas dedicándose a repetir ideas,términos y teorías que han escuchado a otros y que, en la mayoría de los casos, ni siquiera comprenden.

La economía no es un campo árido e inaccesible para los ciudadanos en el que sólo unos pocos expertos pueden opinar con “conocimiento”. Más bien es una construcción simple que, tras términos aparentemente complejos, enmascara ideologías y su estrategías de actuación en lo político y lo social que permitan el control de lo público sin la oposición de aquellos, que carecen de la capacidad de respuesta en el mismo “lenguaje”.

La visión de que la ciudadanía debe empoderarse desde el conocimiento crítico de la realidad y las alternativas al modelo económico existente ha llevado a ATTAC Murcia a la creación de Attac Altereconomía, un espacio de economía crítica, dirigido a la formación en economía y a la presentación y debate de alternativas al modelo actual.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Meteorología de la crisis

Llamar “crisis” a la guerra económica que estamos viviendo es una forma de hurtarnos la realidad. Sirvan de muestra los recortes, que se nos dan ya masticados y rumiados con el viejo silogismo tramposo del no hay alternativa : los hechos son los que son, y siendo los hechos los que son, hay que hacer lo que hay que hacer. El mensaje de los tecnócratas está claro: solo hay un relato posible, y nosotros lo administramos. Por eso nos hablan de la crisis como se habla del tiempo; suben o bajan las temperaturas y sube o baja la prima de riesgo, como si todo esto fuera un tifón o una helada que cayó sin avisar para arruinarnos la cosecha. La ventaja de este relato es su esterilidad. No hay cualidades, no hay culpas, no hay razones ni responsabilidades. Hay un presente blindado, romo, irrespirable, sin historia ninguna ni futuro posible. 

Por eso lo más importante que ha pasado en los últimos tiempos es que ese relato por fin ha empezado a politizarse. Politizar un relato quiere decir abrirlo, desvestirlo, afirmar la necesidad absoluta de volver a pensar lo que se cuenta para encontrarle razones y conclusiones diferentes, para ver otras escenas a partir de los mismos hechos. Y resulta que, en efecto, basta excavar un milímetro en la superficie de la crisis para que aparezca algo bastante diferente. Dicho mal y pronto, lo que aparece es un casino financiero de una complejidad endiablada, que se dedica a la conversión permanente de riqueza social en beneficios privados. Es un pillaje sistemático, que ha convertido la economía real en un inmenso mecanismo de garantías para cubrir las apuestas demenciales de un puñado de jugadores invisibles e irresponsables. Las cartas están trucadas. Cada vez que la banca salta por los aires, los poderes públicos corren a drenar las pérdidas a nuestro cargo. Es otra forma de explicarlo. 

A cualquiera que intuya siquiera el funcionamiento de esta maquinaria le sucede algo bien curioso: casi por arte de magia, el sentido común se le vuelve revolucionario. Por eso se ideó el siguiente mecanismo de blindaje: culpar de todo a unos cuantos seres de madera, gente despiadada a la que, en su búsqueda febril del beneficio a corto plazo, no le duelen prendas en condenar un país entero a la miseria con tal de multiplicar su tasa de ganancia. Pero la moralización de la crisis -esa historia de villanos codiciosos que devoran entre risas los restos de sus víctimas- tampoco sirve para nada: la codicia es una consecuencia, no la causa del problema. Lo que debería interesarnos no es la ceguera moral de unos cuantos sinvergüenzas, sino los mecanismos y las herramientas sociales, económicas y políticas que han permitido que su codicia se convierta en el último árbitro y decisor de las grandes cuestiones de nuestro tiempo. Aunque se decapitara mañana mismo al peor puñado de banqueros, el problema seguiría siendo el mismo. Lo que hay que cambiar no son los banqueros, sino la máquina que los produce y los engorda a nuestra costa. 

El problema es que apenas tenemos palabras para nombrar siquiera la existencia de esa máquina. Cada vez más gente manifiesta una clara voluntad de ruptura con lo que existe; cada vez está más claro que ese maridaje más o menos feliz entre un capitalismo más o menos redistribuidor y una democracia más o menos representativa, que supuestamente servía de esqueleto a nuestro tiempo, ha dejado de funcionar (hace apenas unos años, se predicaba que ahí iba a terminar la Historia: otro silencio mortecino, por fin nada que opinar ni que contar). Pero es que hablamos de cosas que ya no son; hace tiempo que la lógica del sistema partió ese esqueleto en pedacitos y se puso a vender sus vértebras al mejor postor. Ese horizonte ideológico ha colapsado, y ya nadie se esmera siquiera en defender sus ficciones: ya no hay que prometer Europa, ni paz social, ni derechos ni protecciones; no hace falta siquiera tener un futuro del que hablar. La política de la “crisis” no ofrece nada, solo sorbe la sangre y se reparte las migajas hasta que no quede nada más que esquilmar. El resultado es que la distancia entre nuestras capacidades (nuestros saberes y talentos, todo lo que podríamos hacer) y nuestras expectativas (lo que la realidad nos ofrece como posibilidad) es cada vez más insoportable. El país tira cada día toneladas de riqueza humana y social por el desagüe. El mantra de que el mercado es el mecanismo de asignación de recursos más eficiente jamás inventado por el hombre nos ha dejado enterrados en un desierto de sueños castrados y ambiciones imposibles. Y ahí, en silencio, nos morimos de la rabia. 

Esa rabia plantea un problema parecido al de la codicia de los banqueros. En realidad da igual lo que sintamos; lo único importante, interesante y decisivo es descubrir qué herramientas nos permitirán dar salida a toda esa energía desaprovechada, transformarla en algo diferente, hacerla sólida y real. O lo que es lo mismo: hay que decir la verdad sobre el origen del problema, enfrentarse a esa máquina sin nombre, arrancarle espacios donde vivir de otra manera. Por supuesto, la mejor forma de ahogar esta conversación en el silencio (o peor, en un ruido de voces viejas) es hacer un par de preguntas sencillas: ¿enfrentarla cómo, y sustituirla con qué? Lo normal es no tener respuesta. Pero eso es precisamente lo que se necesita: más ideas por pensar, más preguntas sin respuesta, más intentos fallidos, más frustración por la complejidad de lo que se avecina. Es una buena señal: todo lo que no sabemos hacer es porque no nos lo hemos planteado. Que surja la pregunta significa que queda una cuestión menos por politizar, y que hay una cosa más de la que hacerse responsable. 
 
Pablo Bustinduy
Rebelión