domingo, 9 de octubre de 2011

15-O: ocupemos las calles: contra la dictadura de los mercados financieros y en defensa de la democracia. Comunicado de Attac España













15-O
Ocupemos las calles: contra la dictadura de los mercados financieros y en defensa de la democracia. 
Comunicado de Attac España

ATTAC España llama a la toda la ciudadanía y a sus organizaciones sociales a manifestar su indignación y su rechazo a las actuales políticas, que infructuosamente pretenden contener los efectos de la crisis sin poner remedio a las causas que la han originado. Solo una gran movilización ciudadana internacional unida puede tener éxito en la lucha, de los ciudadanas y ciudadanos del mundo, frente al neoliberalismo y sus frutos de pobreza, paro y recortes sociales. Por eso ATTAC llama a tomar las plazas y las calles y gritar, unidos por un cambio global, que no somos mercancía en manos de políticos y banqueros.

Nos enfrentamos a una cruel dictadura de los mercados sobre la ciudadanía y los pueblos del Mundo, que está liquidando lo mejor del legado europeo, es decir los logros conseguidos en cuanto a un modelo de bienestar, solidaridad, democracia representativa y paz.

Esta crisis ha sido generada por la avaricia desmedida de los mercados, desreglamentados por nuestros políticos al dictado de las antidemocráticas instituciones financieras internacionales. Acumular beneficios para conseguir más y más poder ha constituido el único fin de unas corporaciones que han desplazado a los Estados y a la soberanía popular del legítimo poder democrático.

La desreglamentación de los mercados en general y de los de capital y cambio en particular, ha posibilitado que las poderosas finanzas desreguladas impongan a los Estados sus reglas del juego, sin ningún control por parte de estos y ha convertido el mundo en un campo de batalla económica donde una minoría plutocracia de los dineros impone su dominio a los pueblos, hundiéndolos económica y socialmente.

Recuperar y profundizar en el proyecto democrático es una urgente tarea. Para ello en este momento crítico hemos de plantar cara con decisión a los depredadores financieros y a todos los que pretenden destrozar los mejores logros y sueños populares. En ATTAC creemos que efectivamente otro Mundo mejor es posible si la ciudadanía se moviliza unida por un cambio global para lograrlo.

Unámonos todos para plantar cara a la rapiña financiera y a todas las políticas que lo permiten exigiendo: Regulación y control de los mercados, impuestos a las transacciones financieras, una fiscalidad justa, ambiental y redistributiva, abolición de la deuda injusta y odiosa, así como de los paraísos fiscales, y la restauración de una banca pública que vuelva a generar capital social.

Es hora de exigir un cambio de rumbo que sea favorable para los intereses de los pueblos, de los ciudadanos, de los trabajadores, los grandes perjudicados hasta ahora, y solo puede hacerse con medidas de justicia distributiva fiscal, que obliguen a los grandes propietarios, gestores, administradores de capital y a los especuladores, a aportar recursos financieros que permitan a los Estados impulsar políticas de desarrollo sostenible y un nuevo reparto del trabajo en un Mundo cada vez más automatizado y precarizado.

¡Todas y todos a las calles el 15-O en defensa de la democracia y la justicia social y por un cambio global!

sábado, 8 de octubre de 2011

El ojo estrábico

Los jóvenes de los países árabes en la calle, gritando contra los dictadores, pidiendo democracia, merecieron hace unos meses su palabra: primavera; el ojo que los miraba y la voz que hablaba de ellos los ubicó allí, en lo turgente, en lo que nace, en el ciclo que se abre. 

Ahora ese ojo no ve nada que nazca ni que se abra: otras varas y miras más estrechas y aisladas se fijan sobre los jóvenes norteamericanos, aunque el ojo sea el mismo. Ahora que reventaron las alcantarillas de entrecasa y por ellas salieron los indignados norteamericanos, ahora que ya no son sus negros o sus hispanos los que protagonizan alguna protesta callejera, sino los norteamericanos pura cepa, los presuntamente admitidos en el sistema, la voz que nombra las cosas no habla de primavera ni alienta el ánimo que los embriaga.

Esos jóvenes no serán, como sus coetáneos árabes, analizados como emergentes de un deseo profundo y colectivo, ni sus gritos serán escuchados como un deseo de libertad y justicia. Los ocupantes de Wall Street cargan con la mirada despectiva del ojo global que los mira, y que está mareado. Desde hace meses, casi todo este año, hubo demasiadas plazas que mirar. Hubo una tanza débil pero extendida desde aquella plaza Tahrir de El Cairo al puente de Brooklyn. Es todavía difícil descifrar de qué está hecha, qué corre exactamente en su interior. Desde las plazas revolucionarias de Africa a estas performances más parecidas a los actings de Greenpeace que al Mayo del ’68 hubo muchas otras escenas replicantes de un mismo grito dicho en diferentes lenguas y en diversos grados de intensidad. Hubo sonidos guturales en Londres incendiada, hubo y hay intentos urgentes de organización en España, hay revueltas reprimidas casi a diario en Atenas, hay un grito que resuena en Israel, y de todo ese enorme mosaico generacional de todo el mundo emerge apenas un nombre, el de una chica, Camila Vallejo, la dirigente comunista de la FE chilena. La de los estudiantes es la protesta de nuestra región, la que nos corresponde, y su sentido va en el rumbo del contexto en el que emerge. Pero los estudiantes chilenos piden lo mismo que los jóvenes israelíes o los norteamericanos; piden Estado.

Sobre los norteamericanos, para empezar, la televisión dice que son pocos hace ya dos semanas, y aunque llenaron el puente de Brooklyn y fueron apaleados y masivamente detenidos, aunque la irrupción fue igual que en todas partes, como una urticaria, en ronchas que le salen al sistema en las plazas de todo el país, la televisión insiste en que son pocos y que no saben lo que quieren.

Claro que no saben lo que quieren, porque todavía están en la fase de la percepción. Esto es lo que pasa cuando lo que sucede en la realidad va a contramano del relato que pretenden los grandes medios: los conceptos tardan en llegar, no hay líderes, hay estado asambleario, que es lo contrario de lo que aporta la televisión: siempre una respuesta inmediata, aunque sea falsa; siempre cualquier cosa para llenar el vacío.

Esos jóvenes norteamericanos de pronto se vienen a dar cuenta de que también van por ellos, y no esperan a que vengan primero por los otros. En los últimos años el sistema neoliberal ha convertido en bárbaros hasta a sus hijos. El sistema los ofrece en sacrificio: mientras a Grecia le exigen que para sobrevivir se mate, esos jóvenes leen que su propio futuro ha sido hipotecado como las casas que en 2008 miles de norteamericanos tuvieron que devolver. Es un mazazo en la nuca de la población mundial: es que se ha corrido un velo, se le ve al mago la paloma en la manga. El truco neoliberal es una fractura expuesta.

El ojo que los mira y la voz que habla de ellos entró en un desconcierto. Es el mismo ojo y la misma voz, siempre. Es el ojo del dueño, el ojo de la gran pauta publicitaria, el del accionista del banco o la corporación diversificada. Un ojo estrábico y una voz ambigua, porque la voz no es la del dueño, sino la del periodista que en los mejores casos ha sido contratado porque su punto de vista es afín. No es ningún secreto, no es ninguna sorpresa. Siempre fue así y son ésas las reglas. Pero el mundo se volvió un poco loco, y ahora el Banco Europeo parece adjudicarse todos los poderes ejecutivos de la Eurozona, y no hay más política. Hay recetas y ya sabemos: no sirven y los países estallan.

Esta generación de jóvenes globales que leen la realidad más a través de sus propias redes sociales que a través de los medios convencionales, trae un efecto colateral impensado, imprevisible. La comunicación está reemplazando al periodismo. El periodismo está desprestigiado ahora que ya nadie habla del “periodismo objetivo”. Esa palabra caducó ya hace años, por insostenible. Los objetos no hablan, los que hablan son sujetos. Aun así, era posible sostener los contratos con los destinatarios y exhibir el lugar de emisión, haciendo periodismo desde los datos duros y la opinión o la interpretación de esos datos. Hubiese podido así la gente cotejar posiciones y argumentaciones, desde su propio lugar de sujeto social crítico. Pero los grandes medios se negaron a ese posible juego. Siguen pretendiendo reflejar la realidad sin hacerse cargo de su posición política. Los blogs y Facebook son ventanas de oxígeno para discernir junto con otros qué es lo que pasa. Qué está pasando en este mundo descontrolado en el que los mercados libran una batalla salvaje contra la política.

La política entonces reaparece ya no como el ropaje engañoso que usaron durante tres décadas varias generaciones de dirigentes que olvidaron que los votos que recibían en las elecciones los comprometían a la representación de los intereses de sus votantes. En un momento parecía que no había más esa clase de políticos, y en 2001 se gritó “que se vayan todos”. Ahora quizá podría reinterpretarse esa frase como un “así no se hace”.

Quizá deberíamos tomar esa punta del ovillo y preguntarnos qué es, para qué sirve y sobre todo a qué le llamamos política, ahora que ha quedado claro que mientras varias generaciones se desligaron del pensamiento político, el mundo quedó en manos de gente que desprestigió a la política, y así estamos.

Sandra Russo
Página12

jueves, 6 de octubre de 2011

Todos tienen prisa por institucionalizar al 15-M

El domingo 2 de octubre la periodista de origen Iraní Nazanin Armanian, titulaba su columna del periódico PúblicoEl 15- M frente al 20-N”. En ella recriminaba al movimiento que “sigue debatiendo sobre el número de ángeles que caben en la punta de un alfiler”, en vez de “formar una alternativa electoral democrática y unitaria” ante las próximas elecciones que tendrán lugar en España el 20 de noviembre. Urgía a que el movimiento cree un “frente amplio” –se entiende electoral-, y ponía como ejemplo de lo que debería hacer: sumarse a la “hoja de ruta” de la organización “Democracia Real Ya”. El 17 de julio, Belén Barreiro, expresidenta del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), directora de la fundación Alternativas, vinculada al PSOE, y miembro del Comité de Estrategia del PSOE, en una larga entrevista también a Público decía que “Muchos de los que están en el 15-M acabarán en un partido” y añadía que el 15-M puede perdurar “transformándose y entrando en los partidos [….] Todo dependerá de la capacidad de las formaciones para absorberlo”. Intelectuales progresistas como Nazanin y gestores del PSOE coinciden pues en lo que esperan y desean para el 15-M.
También en algunos grupos de trabajo y comisiones del movimiento, a título individual, surge este planteamiento en distintas asambleas. Siempre obteniendo, hasta ahora, un generalizado rechazo por la mayor parte de los participantes. 

El 26 de septiembre la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, relacionaba al 15-M con los golpes de Estado en la presentación del libro de José Bono –presidente del Congreso y miembro del PSOE- sobre la Revolución Francesa diciendo que abogan "por un principio de democracia directa" bajo el que, ha advertido, "se puede esconder un golpe de Estado", como en la Francia de 1793. En ese acto, Bono afirmó refiriéndose a los indignados:"Si quieren negar el valor de las urnas, aunque fuese perdiendo, me quedo con las urnas siempre antes que con las masas parisinas". Al acto asistía buena parte de la clase política, encabezada por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el líder del PP, Mariano Rajoy; y una parte importante del mundo empresarial como el Corte Inglés. 

Parece claro que todo el espectro político de izquierda más o menos institucionalizada, desde el PSOE, a intelectuales progresistas, hasta la izquierda minoritaria, comparten expectativas. En los últimos dos meses, en los medios de comunicación masivos, también se aprecia una tendencia -casi campaña- a favor de “poner orden” en un movimiento que está resultando difícil de embridar. Ni amaina su capacidad movilizadora, ni se diluye en alguna de las identidades múltiples que lo nutren, ni abandona los principios que lo hicieron emerger el 15 de Mayo: “no nos representan”; “lo llaman democracia y no lo es”; “vamos despacio porque vamos lejos”.
 
El hecho de que haya tanta unanimidad en plantear la institucionalización del 15-M, incluso que surja este tema en algunos de las personas que forman parte del movimiento (personas que a su vez militan en organizaciones: sindicales, asociaciones de vecinos, partidos políticos, etc.) plantea un par de cuestiones para reflexionar. La primera, el interés de las organizaciones de izquierda, la tradicional y la más moderna, la más institucionalizada y la menos, por nutrir sus filas y/o capitalizar la potencia del movimiento que, como dice la sra. Barreiro, parece que se trata de un movimiento que “se identifica con la ideología de izquierdas”. Para los asesores del candidato a presidente Rubalcaba, los guiños al 15-M -se transforme o no en una plataforma política-, pueden tener interés para contrarrestar el ascenso del PP; para tener una plataforma afín con la que interactuar, pactar, negociar…, o en último extremo porque incluso como “voto útil” pueden ser votantes del PSOE. Para otra parte de la izquierda institucional como IU se trata de un movimiento que de forma natural puede hacerla repuntar electoralmente pues el miedo a la derecha (ppista o psoista) conducirá a las personas del 15-M, que se abstuvieron o votaron en blanco en las pasadas elecciones, a apoyarlos ahora en las urnas. Para otros grupos de izquierda que parecen aspirar a la institucionalidad como Izquierda anticapitalista o Democracia real ya, también es el movimiento un campo en disputa ya que ellos sí “recogerán las verdaderas aspiraciones del movimiento”, serán su voz en las instituciones. Entre estos grupos de izquierda minoritaria el desprecio que muestran hacia los participantes del 15-M está muy generalizado y lo expresa de forma muy ilustrativa la periodista Nazanín cuando acusa al “voto en blanco de la indignación popular” de fantasioso, infantil, voluntarista y simplista

La segunda cuestión que nos plantea el interés de todos por que el 15-M sea una organización política o se decida a apoyar a alguna organización política, tiene que ver con los recelos hacia la potencialidad implícita del movimiento para ser algo más, mucho más, que flor de primavera. Los planteamientos abstractos, genéricos pero de gran calado, se van concretando poco a poco en los barrios, en las luchas sectoriales que las gentes del 15-M van alimentando. Así ha sido el caso de la movilización contra los recortes en educación en la comunidad de Madrid; los sindicatos mayoritarios han ido perdiendo el paso. Las asambleas se han convertido poco a poco en asambleas “con espíritu del 15-M”, en las que los maestros, algunos sindicados, otros no, reivindican que en las mesas donde se deciden las movilizaciones estén delegados de los institutos de zona elegidos como tales por las asambleas, no de los afiliados, sino de todo el personal de los centros. En la última de estas asambleas se planteó que los sindicatos dejaran por escrito que no negociarán nada que no salga de estas asambleas. 

La presidenta de la CAM, Esperanza Aguirre, en la misma intervención pública de la que hablábamos antes dijo: "Bajo la apariencia de inocentes movilizaciones se esconde la deslegitimación de nuestro sistema representativo”. Daba en el clavo. 

Para las organizaciones institucionalizadas esto es un sinsentido. ¿Puede alguien en su sano juicio creerse que esto que tenemos no es una democracia? Una cosa son los lemas y otra muy distinta si nos los empezamos a tomar en serio, si comenzamos a creer que ciertamente este sistema, este y no otro, es el resultado de una transición fallida hacia una democracia que no ha llegado a ser, por más que se vista de lagarterana. No es seguro, pero en la trayectoria del movimiento 15-M, si analizamos la coyuntura en la que surge, el carácter y los contenidos de las más importantes movilizaciones, encontraremos precisamente eso, un cuestionamiento del sistema político. Un hacer explícito que las reglas de este juego están amañadas, que no nos sirven para hacer que la política esté al servicio del pueblo y no al servicio de los intereses económicos. Eso fue y eso es todavía lo que nos sacó a todos a las calles, no sólo en Madrid sino en el resto de España. 

Durante todo este tiempo los intentos de convertir al 15-M en una sigla más del abanico de siglas que inundan las protestas sociales han sido sistemáticos y abundantes. Las resistencias de la mayoría de los participantes han sido también grandes. La consciencia de que ser una sigla más que aporta “gente” en las calles es el principio del fin que ronda nuestras cabezas. En una de las Asambleas Populares en la que participan las asambleas de barrios y pueblos de Madrid algunas personas plantearon precisamente crear un grupo 20-N para, de cara a las elecciones, concretar propuestas, interactuar con los partidos y los medios etc. Todo el mundo escuchó, ese es uno de los logros del movimiento, pero la propuesta no contó con la aceptación de la mayor parte de los asistentes. No se trataba de un bloqueo, se trataba de una intuición generalizada: una transformación real no puede transitar por los caminos ya trazados. Esos caminos sabemos a donde conducen, en concreto a lo que tenemos ahora. 

Los intentos de normalización e institucionalización del movimiento, aun teniendo por las izquierdas institucionalizadas y las derechas diferentes pretensiones -en el caso de las primeras instrumentalizar y capitalizar, en el de las segundas, delimitar y reprimir- tendrían, creo, un mismo resultado: la disolución del 15-M. 

Ängeles Díez
Rebelión

martes, 4 de octubre de 2011

Charla- Debate. Carlos Taibo


Charla- Debate
Carlos Taibo
"QUÉ SUPONE EL 15M"

 Jueves 6 de octubre a las 19:30 horas
Salón de Actos Edif. Moneo (Plz. Catedral)
Organiza, CGT

"Muchas gentes han empezado a descubrir
que pueden hacer cosas
que antes no estaban en su horizonte mental.
Y que las pueden hacer colectivamente.
Éste es un legado muy estimulante
para lo que se avecina en los años venideros."
 




lunes, 3 de octubre de 2011

¿Quién dijo que el hombre es malo?

 Suena a maniqueo, tal vez lo sea, pero no es una frase mía sino de uno de los grandes pensadores de la edad moderna, el británico Thomas Hobbes quien en el siglo XVII aseveraba, partiendo de una frase del romano Plauto, que el hombre es un lobo para el hombre, “homo homini lupus est”. Según Hobbes, los hombres, en su estado natural, son iguales, ambicionan y temen las mismas cosas, pero resulta que del miedo sólo se puede defender agrediendo a sus semejantes y para conseguir lo que ansía, bienes escasos, ha de matar a su hermano. Como el hombre, pese a ser un lobo para sí mismo y sus semejantes, es racional, si quiere la paz –nos dice Hobbes-, no tiene otro camino que delegar sus derechos en un ser superior: El Leviatán, un monarca absoluto que sabe lo que conviene a sus súbditos y lo impone por la fuerza bruta.

Aunque no lo parezca, las teorías de Hobbes fueron en su tiempo un paso adelante en la construcción del Estado moderno, luego Hegel, Kant, los enciclopedistas y los revolucionarios franceses –dicho de modo simplista- darían un paso al frente al exigirle, partiendo de la bondad natural del hombre y sin menospreciar el papel del Estado, los derechos individuales que le son consustanciales y la soberanía popular de la que dependería hasta el mismo poder de ese Estado. Al mismo tiempo, los economistas ingleses, Adam Smith, Malthus, Stuart Mill o Ricardo, elaboraron diversas teorías que conferían al Estado el mero papel de árbitro y policía del libre mercado, pues sólo éste podía hacer a las naciones poderosas dejando que los más despabilados rigiesen sus destinos, regresando así a la concepción hobbesiana que desconfíaba de la mayoría de los hombres y ponía su fe en una minoría selecta que al buscar su beneficio sin estorbos “burocráticos” lograría al fin el beneficio de la inmensa mayoría de “párasitos”, “disminuidos” y “estafermos” que constituyen el “común”. Veámoslo en palabras de David Ricardo: “Para la prosperidad general, no puede considerarse nunca excesiva la facilidad que se de a la circulación e intercambio de toda clase de propiedad, ya que es por ese medio que el capital de toda clase tiene la posibilidad de encontrar el camino hacia las manos de aquellos que mejor lo emplearán en aumentar el producto del país”.

Buena parte de los siglos XIX y XX transcurren entre las luchas de quienes aseguran que los hombres son buenos, iguales ante la ley y fuente del derecho y del poder; y quienes creen que el hombre es malo, incapaz y grosero, confíando en una minoría selecta, fuerte y hábil la buena marcha de la nación sin que el Estado intervenga más que para ayudarle en sus fines y protegerla de las “envidias” del populacho.

Pues bien, con sus pasos adelante y hacia atrás, con sus enfrentamientos, con sus revoluciones, con sus guerras –hablamos de Occidente, el resto no cuenta, es otra historia-, hasta hace treinta años parecía que la batalla estaba definitivamente ganada por los primeros ya que del Estado absolutista del siglo XVIII se pasó progresivamente a uno más abierto y democrático que fue articulando leyes que mejoraban las condiciones de vida y la libertad de los hombres. Sin embargo, hace unas décadas que las cosas comenzaron a cambiar, y poco a poco, parece que la batalla se decanta por los segundos, a favor de quienes quieren que sea el lobo el que cuide de las ovejas. Primero fue en el Reino Unido y Estados Unidos, luego en las potencias emergentes, más tarde, ahora, en Europa.

Pese al tiempo pasado, el mensaje que vende la derecha entronca directamente con la peor parte del pensamiento de Hobbes y con lo básico de las teorías de Adam Smith: El hombre es malo, ocioso, violento y descreído; el Estado del bienestar es una antigualla que ha servido para crear vagos y aprovechados que mediante los impuestos roban el dinero a los mejores, a los excelentes que se ha hecho a sí mismos gracias a su astucia, su voluntad férrea y su “honradez”, por tanto, es precisa una autoridad firme y contundente que haga cumplir a la chusma con sus obligaciones y limite drásticamente eso que llaman derechos pero que no son más que hábitos parasitarios. Otra cosa son los elegidos, las gentes de bien, los empresarios que declaran menos ingresos que sus empleados, los profesionales que no pagan un duro a la Hacienda Pública, las grandes corporaciones con beneficios multimillonario y yates para pasear a Presidentes, las fundaciones creadas para no pagar, los políticos que consienten la existencia paraísos fiscales –eje básico del sistema- y basan sus políticas económicas en impuestos indirectos asfixiantes, los recortes, la privatización de los servicios púbicos esenciales y la subida y bajada de intereses según convenga a los especuladores, personas muy decentes que sólo buscan, como dios manda, acumular riquezas a costa de la pobreza de los que no sirven más que para trabajar: ¡Escoria!

Empero esas teorías que llevan más de treinta años arruinándonos y destrozando todo lo que hemos construido dentro de ese proceso imparable que llevará al hombre –a nadie le quepa duda- a un mundo mejor para todos en el que los “despabilados” de hoy serán objeto de estudio antropológicos y criminológicos, no sólo se aplican dentro de los Estados, sino también entre ellos, en las relaciones internacionales, incluidas las que hay dentro de ese ente amorfo lleno de cretinos al servicio del capital llamado Unión Europea. Reino Unido –país parasitario y egoísta dónde los haya-, Alemania y Francia llaman a los países mediterráneos PIGS, pero se olvidan que los verdaderos PIGS son ellos, puesto que prestaron cantidades enormes de dinero a entidades bancarias, empresas y particulares para multiplicar sus ganancias exponencialmente, no para hacer un favor a nadie. Y cuando prestaron ese dinero no lo hicieron movidos por fuerza mayor, amenaza de bomba atómica o de catástrofe similar, sino porque les dio la gana, por afán desmedido de lucro, sin pararse a pensar que prestaban a sinvergüenzas, sin detenerse a considerar que desde Estados Unidos hasta España, pasando por todos los países que ustedes gusten mentar, se había construido una enorme burbuja especulativa basada en las hipotecas basura y el agio. Y es ahí dónde está el problema europeo y mundial, el problema no es Grecia, ni Italia, ni España, ni Portugal, el problema es que Alemania, Francia e Inglaterra, países con una política financiera irresponsable, no puedan cobrar lo que prestaron para forrarse por los siglos de los siglos. Por eso, que nadie nos de gato por liebre: No están ayudando a Grecia, están desamortizando a Grecia, desmantelándola, vendiéndola a precio de saldo para que pueda pagar a sus descabezados prestamistas de antaño; tampoco ayudarán a España porque jamás caerá, es demasiado grande y saben que ninguna economía occidental aguantaría el golpe.

Lo que sí están haciendo es crear un clima de miedo y desconfianza tal que tiene paralizada la capacidad de respuesta, de reacción y de pensamiento de toda la sociedad, de una sociedad que no quiere ver que son los treinta años de dominio de la derecha ultraliberal los que nos han llevado a esta situación, que es la derecha ultraliberal la que ha urdido esta tremenda estafa, que los defensores de esas políticas y sus compinches siguen forrándose a costa de los derechos económicos y sociales de todos, que ninguno ha ido a la cárcel y que esa política tiene que llegar ya a su fin o ella finalizará con todos nosotros Después de tanto sacrificio, de tanta sangre derramada en las calles y en los tajos, de tanto esfuerzo para conseguir un mundo mejor, resulta que son muchos los trabajadores convencidos de que Adam Smith, David Ricardo, sus admiradores de la Escuela de Chicago, José María Aznar, Mariano Rajoy, Cristobal Montoro, Rodrigo Rato, los ejecutivos de la City londinense, de Wall Street, de la calle Génova o de Botín y los hombres de Atapuerca son quienes mejor saben defender sus intereses pese a la debacle económica en que han metido a la economía mundial; muchos los ciudadanos que siguen creyendo que los lobos son los más capacitados para cuidar ovejas. Pues conviene recordar una cosa por mucho que se empeñen en engañarnos desde dentro y desde fuera: La única manera de salir de esta crisis es fortalecer al Estado frente a los mercados de piratas, corsarios y filibusteros; dar el paso definitivo –no hay mejor momento que este- para crear una verdadera, laica, fraternal y democrática Unión Europea que haga suya la deuda total de sus miembros emitiendo bonos europeos, responda con toda la dureza que le permite ser todavía el mayor mercado del mundo a los especuladores de toda condición, se decida a controlar exhaustivamente a la banca y apruebe un plan de choque –se habría podido hacer con mucho menos dinero del tirado al pozo sin fondo financiero- mediante inversiones e incentivos públicos para que el paro desaparezca del continente. O eso, o la vuelta al feudalismo.

Pedro L. Angosto
Rebelión

sábado, 1 de octubre de 2011

Deshaucios

La crisis se ha llevado por delante muchos principios morales y jurídicos y ha dejado en la cuneta el disfrute de derechos sociales y humanos fundamentales, pero si alguna de las injusticias que se vienen cometiendo destaca sobremanera me parece que es el trato que están recibiendo las personas y familias que pierden su vivienda por culpa de una crisis que no han provocado.

Los últimos datos permiten prever que a finales de año llegarán a ser unas 300.000, una cifra posiblemente menor a la real y que en cualquier caso no refleja el daño total que han provocado en el patrimonio familiar de las clases trabajadoras las condiciones leoninas que han acompañado a miles de contratos hipotecarios.

Muchas de esas familias no solo han perdido la vivienda sino que además siguen pagando la diferencia entre el préstamo recibido (con una tasación al alza de vivienda de por medio) y el valor de ejecución (que suele tasarse, por el contrario, muy a la baja, mucho más de lo que en realidad disminuyen los precios de mercado).

Es una verdadera vergüenza que en todos estos años ni el gobierno ni el principal partido de la oposición se hayan puesto de acuerdo para afrontar este drama y para evitar, de forma efectiva modificando la Ley Hipotecaria y no con los parches que solo a última hora se han querido poner, que el derecho a la vivienda que pregona la Constitución se convierta también en humo.

Con tal de salvar los intereses de unas entidades financieras que siguen ganando miles de millones de euros, como en su día reconoció expresamente el ministro José Blanco, se ha renunciado a llevar a cabo reformas legales que terminen con la situación que estamos viviendo.

Los mismos parlamentarios que en un dos por tres se pusieron de acuerdo nada más y nada menos que para reformar la Constitución renunciando a la soberanía nacional sobre aspectos que quizá en los próximos meses pueden ser decisivos (como la no modificación de los créditos externos) no han dado ni un paso para introducir fórmulas legales que ya existen en muchos países para que otro derecho más, aunque ahora tan vital como el de la vivienda, no esté siempre supeditado al beneficio financiero.

La dación de pago es una figura que de forma bastante elemental hubiera podido resolver, al menos, que quien ya ha perdido su vivienda termine además arruinado para siempre pagando cuotas de préstamos que ya no le financian nada y que, para colmo, son el resultado de la desigualdad entre las partes con la que en su día se establecieron las condiciones contractuales.

Pero ha bastado que los bancos amenazaran (vaya a saber usted de qué forma en la intimidad de los despachos o de las líneas telefónicas) para que el gobierno se achante una vez más y se haya negado a dar avance alguno en esta dirección.

Es un auténtico escándalo y una prueba más de que nuestra democracia está patas arriba que quien haya tenido que salir a defender a los cientos de miles de familias humildes que pierden sus viviendas hayan sido sus propios convecinos y conciudadanos, teniéndose que enfrentar así a partidos mayoritarios, al gobierno y a la policía. Y es muy sintomático de los fines que en realidad persiguen que ninguno de esos obispos que con tanto ardor se manifiestan en defensa de la familia para atacar al gobierno, ni las organizaciones que lideran con ese aparente fin, ni el Partido Popular que siempre quiere aparecer como su gran adalid hayan movido ni un dedo para evitar esos desahucios.

Las plataformas de afectados, el movimiento 15-M y otras organizaciones y partidos son quienes están dando la batalla contra esta inmensa injusticia frente a unos partidos mayoritarios que muestran su verdadera utilidad cuando los intereses bancarios y de los poderosos se ponen por medio.

Generalmente, esos movimientos contra los desahucios vienen defendiendo la dación de pago como alternativa a la situación actual, una opción que a mí me parece insuficiente y errónea si no va más allá. Es verdad que evita, si se me permite la expresión, el recochineo de tener que seguir pagando al banco cuando éste ya se ha quedado con una vivienda por debajo del precio de mercado. No es poco pero no se puede considerar que esa sea la alternativa justa y democrática en un país moderno. Al igual que existen en otros de nuestro entorno, deberían de establecerse mecanismos de arbitraje independiente que permitieran que las partes se pusieran necesariamente de acuerdo sin que los deudores en situaciones de emergencia económica o familiar tengan que perder la vivienda, que es lo que al fin y al cabo ocurre con la dación de pago.

Esta última es un mal menor pero un mal en cualquier caso que no contempla lo que debería ser imperativo:  el horizonte del derecho a la vivienda que reconoce nuestra Constitución.

Sería deseable, por tanto, que además de reclamar la dación de pago con carácter obligatorio y no solo voluntario como existe ahora se antepusiera a ello una reclamación mucho más justa y eficaz: la prevalencia del derecho a la vivienda.

Bastaría con mirar a nuestro alrededor para tomar las instituciones ya existentes y mejorar si fuese necesario, claro que para ello sería necesario mucha mayor dignidad por parte de nuestros legisladores, más independencia de criterio y una actitud más valiente frente a los grandes financieros.

Mientras tanto, seguiremos en la surrealista situación en la nos encontramos: quienes no hacen nada para evitar que los que sufren la crisis pierdan sus viviendas se proclaman defensores de la democracia. Y a quienes nos indignamos con ello, a quienes nos esforzamos por impedir los desahucios y que las familias más humildes pierdan sus viviendas no acusan, como hace la presidente de Madrid, de "impulsar golpes de estado populistas" o nos comparan con la "turbas parisinas", como hace el presidente de las Cortes José Bono. Es lo que hay.

Juan Torres
Sistema Digital

"El Estado de Bienestar". Dexter Whitfield.

 Dexter Whitfield.
"El Estado de Bienestar"

Dexter Whitfield es Director de la Unidad Europea de Servicios Estratégicos y Profesor adjunto de la Universidad de Adelaide y del Instituto Australiano de Investigación Social.